Estudiar las enfermedades en los perros previene futuras epidemias humanas

​Los científicos estudian los virus en los perros para entender cómo un nuevo virus puede surgir en los humanos y causar una epidemia
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En 1978, los perros de todo el mundo comenzaron a morir a causa del parvovirus, una enfermedad que era completamente desconocida hasta ese momento. En la década de 1980, cientos de miles de personas contrajeron un virus nuevo y mortal, el VIH.


Ambos tienen en común que los virus saltaron de otro animal a un nuevo huésped. El parvovirus se movió de un huésped relacionado con los gatos, posiblemente a otro animal salvaje, antes de infectar a los perros. El VIH circuló en los chimpancés antes de que una persona cogiera el virus, lo que inició la epidemia en humanos.


Este vínculo tan estrecho entre humanos y animales, el cual hoy día se intenta hacer ver la importancia de ello a la sociedad y a las instituciones a través de promocionar el concepto One Health, una sola salud, es la que ha llevado a Colin Parrish, profesor de Virología del Instituto Baker para la Salud Animal, a estudiar las formas en que los virus, específicamente el parvovirus y la influenza, han podido moverse entre diferentes especies animales y propagarse dentro de las poblaciones de perros. 


"Las cosas que estamos aprendiendo sobre los virus en los perros tienen una aplicación básica para entender cómo un nuevo virus puede surgir en los humanos y causar una epidemia", explica Parrish.


Cuando se estudian pandemias globales, los virus caninos ofrecen muchas ventajas sobre los humanos. Los miembros del laboratorio de Parrish reciben muestras de veterinarios y refugios, y observan la evolución de los virus mientras se producen los brotes. También analizan de manera retroactiva cómo los cambios en el código genético de un virus permiten que el virus salte a una nueva especie huésped y reconocen las formas en que se propaga para explicar nuevos brotes.


LA INFLUENZA, UN CLARO EJEMPLO


Según explican, la influenza es un excelente ejemplo de virus que se han movido repetidamente entre especies animales. La “gripe española” de 1918 que infectó a cerca de un tercio de la población humana del mundo fue inicialmente una cepa de influenza aviar, mientras que la cepa pandémica H1N1 de 2009 provino de cerdos.


También se han producido brotes mortales pero limitados de influenza aviar en personas en muchos países, pero, afortunadamente, el virus aún no se transmite fácilmente entre las personas, lo que evita que el virus se generalice.


Un virus diferente de influenza aviar se transfirió a perros en Asia en 2005, y esa fue la causa del brote de influenza canina que ocurrió en los Estados Unidos en 2015, después de que se importara junto a perros infectados de Asia.


Asimismo, en el 2000 un brote anterior de influenza canina provino de una cepa equina del virus. Ese virus circuló en perros en los EE. UU. durante 15 años.


A menudo, los virus saltan con éxito a nuevas especies de hospedadores cuando los cambios genéticos les permiten ingresar a las células del nuevo hospedador y replicarse a sí mismos.


Los virus también deben superar las barreras geográficas y otros obstáculos para establecerse en una nueva población. En el brote de influenza canina de 2015 en los EE. UU., los perros asiáticos terminaron en muchos refugios, lo que creó múltiples puntos donde los nuevos perros podían infectarse.


"Son estas cadenas especiales de transmisión las que permiten que se produzcan y mantengan los brotes", afirma Parrish. Su investigación también puede descubrir formas para fortalecer las barreras que detienen la transmisión como mejores procedimientos de cuarentena para perros importados.


Para virus conocidos como la influenza y el parvovirus, las vacunas pueden ofrecer una protección significativa, pero para los virus que aún no han dado el salto o que no han causado un brote global, el trabajo de Parrish puede ayudar a identificar los virus con potencial pandémico y permitir implementar medidas de protección más seguras para evitar la propagación de un virus.


Así, aseguran que al comprender cómo y por qué ocurren los brotes, “el Instituto Baker está ayudando a proteger a los humanos y a nuestros amigos caninos de enfermedades emergentes”.

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