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Novedosa terapia de restauración hormonal para tratar a un perro castrado
Se ha llevado a cabo un estudio que analiza los procedimientos de tratamiento hormonal y los resultados en un perro macho castrado.

Novedosa terapia de restauración hormonal para tratar a un perro castrado

Publicado el primer informe de la terapia de restauración hormonal aplicada a un perro que sufría diversos síntomas físicos y psicológicos después de la castración
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Parte de la tenencia responsable de mascotas incluye la esterilización para, entre otras cosas, reducir la sobrepoblación y el abandono de los animales. Por otra parte, otros beneficios de la esterilización incluyen menos enfermedades asociadas con los órganos sexuales, como cánceres de mama, ovario y testículo, piometra y trastornos de la próstata.


No obstante, la creciente investigación sobre esta práctica indica que la extirpación de las gónadas (testículos u ovarios) y la eliminación de las hormonas sexuales que estos producen, también pueden tener un impacto negativo en la salud y el bienestar de los perros. Por ejemplo, la obesidad, la incontinencia urinaria, varios tipos de cáncer, las enfermedades inmunomediadas, los trastornos musculoesqueléticos y los problemas cognitivos y de comportamiento son más comunes en los perros esterilizados.


Una de las posibles explicaciones para esta circunstancia puede deberse a que los mecanismos de retroalimentación hormonales dejan de estar regulados en perros castrados. Por ejemplo, sin las hormonas sexuales que envían señales a la glándula pituitaria y al hipotálamo en el cerebro, los niveles de hormona luteinizante (LH) continúan aumentando.


Sobre este asunto, la investigación emergente indica que los altos niveles de hormona luteinizante sin control probablemente influyan en el desarrollo de diversos trastornos de salud. Por lo tanto, las relaciones entre las hormonas sexuales, la salud y el bienestar no son simples y pueden verse influenciadas por muchos factores, incluido el sexo, la raza, la edad y el entorno del perro.


En consecuencia, para evitar los posibles problemas de salud debido a la esterilización quirúrgica, muchos dueños de mascotas están optando por la esterilización parcial, como histerectomía o vasectomía para su perro. Pero en la actualidad existen millones de perros que ya han sido esterilizados, y restaurar y equilibrar las hormonas de los perros castrados es poco común en la medicina veterinaria.


En este sentido, se ha llevado a cabo un estudio que analiza los procedimientos de tratamiento hormonal y los resultados en un perro macho castrado.


ANTECEDENTES Y PROBLEMAS DE SALUD DEL ANIMAL


El animal del estudio fue un perro macho, mestizo, que fue adoptado a los 7 meses de edad. El perro fue castrado antes de ser entregado a sus propietarios.


Durante los primeros meses, según los propietarios, el perro era un animal activo, sano y sociable, pero su salud se deterioró rápidamente durante los meses siguientes.


Fruto de estos problemas de salud, cuando tenía un año de edad, los dueños lo llevaron al veterinario para tratar la movilidad reducida, la cojera en la cadera derecha, el rápido aumento de peso y el miedo a personas desconocidas.


El equipo veterinario trató al animal durante los siguientes tres años con tratamientos a base de analgésicos, suplementos para las articulaciones, tiroxina, antidepresivos y restricciones significativas en la dieta. La administración frecuente de analgésicos y los complementos articulares diarios ayudaron a reducir la cojera, pero la movilidad seguía siendo deficiente.


TERAPIA BASADA EN EL TRATAMIENTO HORMONAL


A los cuatro años de edad, el perro ya no podía salir de casa debido a su extrema ansiedad, y su incapacidad para correr y saltar exacerbó su condición de sobrepeso.


Ante esta situación, la Dra. Michelle Kutzler, veterinaria de la Universidad Estatal de Oregón (EEUU), dados los posibles impactos en la salud que resultan de la falta de niveles hormonales normales después de la esterilización, tomó la decisión de probar la terapia hormonal para restaurar estas hormonas a sus niveles previos.


“Los perros machos castrados tienen niveles muy bajos de testosterona y pueden tener niveles altos de LH. El nivel de LH del paciente fue tres veces más alto de lo que es normal para un perro castrado”, explica la veterinaria.


El animal comenzó con un régimen de inyecciones semanales de testosterona, que aceptó fácilmente con un entrenamiento de refuerzo positivo. En tres meses, el tratamiento había servido para producir aumento significativo de la masa muscular, para reducir la cojera, y para mejorar notablemente la movilidad. Asimismo, el miedo y la ansiedad disminuyeron, aunque de forma más modesta.


Sin embargo, la veterinaria explica que la concentración de LH del animal no se redujo a los niveles normales, por lo que se implantó un agonista de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH). Este nuevo tratamiento hizo que los niveles de testosterona y LH del perro volvieran a la normalidad y continuaron las mejoras de salud.


Después de la terapia de restauración hormonal, la veterinaria comenta que el apetito del animal se redujo y el miedo a las personas se volvió manejable. “Los dueños ahora lo llevan a pasear por los parques y él no tiene problemas para correr, saltar y jugar con el otro perro de la familia. No hubo efectos secundarios conocidos y los propietarios quedaron satisfechos con el resultado. Se le ha continuado con el tratamiento, con su salud monitorizada a través de análisis de sangre completos, medición de los niveles de testosterona y LH, y exámenes de próstata”, añade Kutzler.


"La mejora en la salud y el comportamiento del perro ha sido asombrosa. Después de años de probar tratamientos médicos tradicionales y que no le sirviesen para prácticamente nada, devolver sus hormonas a niveles normales le ha dado la oportunidad de tener una vida feliz y saludable", cuenta Linda Brent, dueña del perro.


NECESIDAD DE MÁS INVESTIGACIONES


En conclusión, esta investigación ha determinado que la restauración hormonal puede ser eficaz para mejorar la salud de los perros castrados, pero también ha planteado muchas preguntas sobre los métodos óptimos para llevarla a cabo y los riesgos potenciales de dicha restauración.


"El informe de este caso proporciona una gran evidencia para apoyar la reducción de las concentraciones de LH con regulación mediante el uso de GnRH, y suplementación con hormonas gonadales en perros esterilizados que muestren signos clínicos de los efectos adversos a largo plazo para la salud de la extirpación de gónadas, pero se necesitan ensayos clínicos controlados aleatorios", señala Kutzler.


Si bien los datos de un animal individual no se pueden generalizar a otros perros, los autores esperan que sirva para “fomentar el diálogo y más investigaciones sobre el tema de la terapia hormonal para perros esterilizados o castrados”.


Por otra parte, han surgido nuevas investigaciones y tratamientos alternativos a la esterilización quirúrgica. Por ejemplo, ante la posibilidad de que ocurran estos riesgos asociados a la esterilización atribuibles al exceso de LH en los animales castrados quirúrgicamente, se han desarrollado tratamientos médicos.


En el caso del perro, existen alternativas a la castración quirúrgica como Suprelorin® de Virbac, que consiste en un implante subcutáneo cuyo principio activo es el acetato de deslorelina. Es un implante biocompatible que se desintegra con el tiempo (6-12 meses), un pequeño cilindro de color blanco y de tamaño parecido a un microchip. Está registrado para inducir la esterilidad transitoria en perros machos sexualmente maduros, sin castrar y sanos.


Los implantes de deslorelina actúan sobre la hipófisis, bloqueando toda la cascada de hormonas sexuales, tanto las que se producen en los órganos sexuales como las que se liberan en otros órganos. En el caso de la esterilización quirúrgica, el bloqueo total no se produce, y la producción de otras hormonas sexuales, como la FSH y la LH, se ve incluso incrementada.

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