Rens van Dobbenburgh, presidente de la FVE.

Reflexiones de la FVE sobre la estrategia “De la granja a la mesa”

​A raíz de la estrategia “De la granja a la mesa” impulsada por la Comisión Europea, la Federación de Veterinarios de Europa matiza varios aspectos que deberían ser considerados
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La Federación de Veterinarios de Europa (FVE) representa alrededor de 300.00 veterinarios en toda Europa. Muchos de estos veterinarios participan activamente en la cadena alimentaria, cuidando de la salud y el bienestar de los animales y velando por las condiciones de seguridad alimentaria. A través de su trabajo, los profesionales veterinarios contribuyen a la prevención y el control de las enfermedades zoonóticas y a la protección de la salud pública.


La FVE acoge con entusiasmo la estrategia de la Unión Europea “De la granja a la mesa” (EU Farm to Fork), ya que muchos de los objetivos de este programa se encuentran en sintonía con la labor de la FVE, como la mejora de la salud animal, salud humana, y protección del medio ambiente.


En este sentido, la mejora en la producción sostenible de alimentos, la lucha contra el desperdicio de alimentos, o los esfuerzos para eliminar el fraude alimentario, son bienvenidos por la FVE.


La actual epidemia de COVID-19 está teniendo un impacto global significativo. Pero a su vez, obliga a reflexionar sobre la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos que existen en la actualidad.


A pesar de que el enfoque “De la granja a la mesa” supone una estrategia a considerar, según la FVE, el programa de la Unión Europea no aprovecha íntegramente todas las ventajas que ofrece el concepto One Health.


Así, los veterinarios opinan que el enfoque de la Unión Europea desperdicia una gran oportunidad de abordar íntegramente el concepto One Heatlh de bienestar animal, bienestar humano y protección medioambiental. “Se estima que el 75% de todas las enfermedades emergentes en las personas se originan en animales”, advierten.


PROPUESTAS


Por este motivo, la FVE considera fundamental mejorar en cuatro aspectos. En primer lugar, explican que “controlar las enfermedades individuales es muy importante, pero también lo es comprender mejor los desequilibrios medioambientales que originan la aparición y propagación de nuevas enfermedades”.


Además, “durante el tiempo de paz, es crucial que fortalezcamos los planes de contingencia para garantizar la funcionalidad de la cadena alimentaria en tiempos de crisis”. Por ello, solicitan abarcar íntegramente el enfoque multidisciplinar de One Health, contando así con profesionales encargados de la salud humana, salud animal, y control medioambiental para abordar la estrategia "De la granja a la mesa".


Otro de los puntos que la FVE pide reconsiderar es la resistencia antimicrobiana. “Como veterinarios europeos, estamos encantados de que entre el 2011 y el 2017 hayamos podido reducir el uso de antimicrobianos en un 32%”, apuntan desde la organización. No obstante, “aunque exista el deseo de que la tendencia continúe a la baja, muchas enfermedades infecciosas aun deben de ser tratadas con antibióticos, por lo que los antimicrobianos siguen siendo esenciales para la salud y el bienestar de los animales”, añaden.

Respecto a la salud y el bienestar de los animales, la FVE indica que estas cuestiones son cada vez más importantes, ya que además de ser aspectos demandados por los consumidores, son un elemento clave en la sostenibilidad de la cadena de suministro.


“Se debe prestar atención a que los sistemas de cría estén adaptados a las necesidades de los animales, en lugar de tratar de adaptar los animales a los propios sistemas”, subrayan.


Asimismo, por cuestiones de salud y bienestar, “el transporte de animales de larga distancia debe de reducirse al mínimo”. Por este motivo, la FVE celebra la revisión de la legislación de la Unión Europea sobre el bienestar animal, y concretamente sobre en transporte y sacrificio.


Por último, apuntan a la ausencia de observaciones sobre el coste de producción de alimentos para animales. “La competencia en el precio de mercado de este tipo de alimentos puede desembocar en un deterioro de la calidad y seguridad alimentaria, así como reducir la sostenibilidad de la cadena de suministro”, afirman.

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