José Fernández Romojaro, veterinario de salud pública y presidente del Sindicato Veterinario Profesional de Asturias.

“El pilar fundamental de la seguridad alimentaria es la veterinaria, no hay otra profesión que pueda ocupar su lugar”

José Fernández, veterinario de salud pública y presidente del Sindicato Veterinario Profesional de Asturias, analiza la situación de la seguridad alimentaria y el papel del veterinario en la celebración del Día Mundial de la Seguridad Alimentaria
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El Día Mundial de la Seguridad Alimentaria se conmemora este domingo 7 de junio con el objetivo de contribuir al fomento de la seguridad alimentaria, la salud humana, la prosperidad económica, la agricultura, el acceso al mercado, el turismo y el desarrollo sostenible.


Las diversas organizaciones de las Naciones Unidas (Codex, FAO y OMS) abogan a que todos los países sigan prestando su apoyo al mensaje clave del año pasado "Seguridad alimentaria, asuntos de todos", a la vez de seguir impulsando las diferentes recomendaciones claves de esta campaña como el mantener los alimentos seguros, consumirlos de forma segura y cultivar de forma segura, entre otros.


Una fecha marcada este año por la actual pandemia provocada por la COVID-19 donde el papel de los veterinarios se ha considerado “ejemplar e imprescindible para la sociedad en general”, como indicaban hace unos días la Asociación de Veterinarios Titulares y de Funcionarios Veterinarios de las Administraciones Públicas , a la vez que resaltaban como “la parte más negativa” la falta de reconocimiento y el desprecio que ha sufrido la profesión por parte de las Administraciones Públicas al no contar con todo el “potencial humano, la experiencia y los conocimientos sanitarios que tienen nuestros profesionales veterinarios”.


Este sentir es compartido por todos los veterinarios españoles, uno de ellos es José Fernández Romojaro, veterinario de salud pública y presidente del Sindicato Veterinario Profesional de Asturias (Sivepa), que en declaraciones a Diario Veterinario comenta que “en las CCAA en la que los veterinarios no dependían del Sistema Nacional de Salud, mayoritariamente todas, se enviaron a casa en servicios mínimos, abandonando la inspección y la seguridad de locales de alto riesgo de contagio, aplicándoles la política de funcionarios de Administración General, siendo el veterinario un sanitario fundamental en salud pública. Mientras que, en Extremadura y Andalucía, al depender del Sistema Nacional de Salud fueron fundamentales en el control de la bioseguridad en supermercados, geriátricos y otros puntos de riesgo”.


Igualmente, en cuanto al papel del veterinario en la seguridad alimentaria, Romojaro lo considera “esencial”, ya que “no existiría la seguridad alimentaria tal como la conocemos sin el papel del veterinario. El pilar fundamental de la seguridad alimentaria es la veterinaria, no hay otra profesión que pueda ocupar su lugar. Es el que sabe de zoonosis, de cómo evitar lo riesgos de un virus, cómo se transmite, de medicina y experto en seguridad alimentaria”, matiza. 


Cabe recordar que el veterinario es el que controla el estado sanitario de los animales y la calidad sanitaria de los productos derivados y, por supuesto, del bienestar de los animales. También está presente en la elaboración de los productos de origen animal en las industrias alimentarias, se encarga de la vigilancia del proceso de elaboración, control microbiológico, calidad alimentaria, el cumplimiento de la normativa de la higiene del proceso y su distribución, incluida la venta con el control de las condiciones de almacenamiento, evitando los fraudes alimentarios y el incumplimiento de la normativa vigente. Una figura clave 'desde la granja a la mesa'.


Durante el brote del coronavirus se ha visto como “la seguridad alimentaria fue y es fundamental en el control de la pandemia de la COVID-19, al igual que toda la veterinaria de salud pública es fundamental y está muy evolucionada y sofisticada en las estrategias de prevención de todo tipo de enfermedades”, indica el experto. En este sentido, los servicios de inspección y regulación veterinaria han continuado durante el confinamiento supervisando la integridad de la salud pública; solo los animales sanos y sus subproductos ingresan al suministro de alimentos para garantizar la seguridad alimentaria de las poblaciones; además de seguir manteniendo las medidas preventivas necesarias, como la vacunación contra enfermedades con un impacto económico o de salud pública significativo, entre otras. 


Uno de los ejemplos del papel del veterinario en seguridad alimentaria son las propuestas que han realizado desde Sivepa, abogando por utilizar una metodología de análisis de peligros en la calle para evitar repuntes que sobrepasen el sistema de vigilancia epidemiológica de COVID-19 y reducir el riesgo de medidas más drásticas.


Así, piden la utilización de las medidas de APPCC “que podemos aplicar a la detección de debilidades concretas en la prevención general de COVID-19 y tenemos un personal con formación médica integral acostumbrado a utilizarla que son los veterinarios. Además, muchas de las actividades de las que mayor riesgo de contagio se sospecha ‘a priori’ ya son controladas habitualmente por la Veterinaria de Salud Pública, como es el caso de la hostelería, los supermercados, mataderos, etc. Lo lógico sería aprovechar todas estas herramientas y la experiencia y formación de este personal lo antes posible para adelantarnos a posibles situaciones adversas. Hay que considerar que en cuestión de pandemias un día es importante, una semana es crucial y un mes de retraso puede hacer que algo sea incontrolable”. 


AESAN FUERA DE SANIDAD


La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) dependía hace unos meses del Ministerio de Sanidad, un hecho que cambio hace unas semanas al quedar encuadrada en el Ministerio de Consumo.


Los profesionales veterinarios manifiestan que esta designación del Gobierno provoca una fragmentación del sistema de seguridad alimentaria y del papel de la veterinaria, “la división de la veterinaria de salud pública está causando daño y distorsiones en su funcionamiento y eficacia, tanto para el control de las zoonosis en las ganaderías como también una distorsión en la seguridad alimentaria. Nada bueno nos puede traer que la AESAN esté en un Ministerio cuya finalidad no es la protección de la salud de las personas”, señala José Fernández.


Por otra parte, el experto asegura que el veterinario de salud pública podría haber aportado en esta crisis sanitaria que vivimos “lo que la medicina humana como profesión no tiene desarrollado, ni tiene experiencia, no es su trabajo habitual”. Un hecho que lo atribuye a la práctica y progreso que los veterinarios dedican cada día en bioseguridad o epidemiovigilancia y que podrían haber puesto en práctica en la elaboración de protocolos para esta pandemia, “es un virus de origen zoonótico y muchas de sus cualidades y comportamientos son muy parecidas a las que se enfrentan y estudian cada día los veterinarios. Hubieran podido aportar muchísimo”. 

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