Catalina Gómez López, doctora en Veterinaria.

El próximo virus, mercados insalubres y COVID-19

​Catalina Gómez López, doctora en Veterinaria
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Vamos a empezar ya a pensar en el que probablemente sea el próximo virus. ¿No es demasiado pronto? ¿Por qué pensar en el próximo virus cuando la pandemia actual por coronavirus está azotando el mundo?


Así comienza un artículo escrito por Jared Diamond y Nathan Wolfe, autoridades científicas mundiales en virología. Los científicos consideran que no aprendimos la lección cuando se produjo la epidemia de SARS en 2004 que afectó a 26 países con más de 8300 casos. Fué un aviso lo suficientemente inquietante y grave como para que hubiéramos despertado de nuestro letargo y actuado de forma diligente pero no hicimos nada y no hemos sido capaces de evitar la pandemia actual, que casi con toda seguridad, tuvo un origen muy similar a la del SARS.


La expansión del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, surgido en la ciudad china de Wuhan en diciembre de 2019, avanza de forma inexorable. Alrededor de 2,5 millones de casos y más de 177.000 muertos en todo el mundo. (Datos a 21-4-2020)


El SARS-CoV-2 (Covid-19) pertenece a la misma familia que el virus SARS y el virus MERS-CoV y todos ellos proceden de especies animales. Las zoonosis son un grupo de enfermedades infecciosas que se transmiten de los animales a los seres humanos. El incremento de las zoonosis (peste, gripe, SIDA, Zika, EEB, ébola….) en los últimos años es preocupante. El 60% de los patógenos que afectan al hombre son de origen animal, el 75% de los emergentes también derivan de los animales y el 80% de los patógenos que presenta interés para el bioterrorismo son de origen animal.


DE AQUELLOS BARROS, ESTOS LODOS


Aunque en algunos estamentos informativos se sigue atribuyendo el origen del coronavirus a un accidente del Instituto de Virología de Wuhan, la mayoría de las investigaciones epidemiológicas consideran el origen del COVID-19 en el mercado húmedo de Wuhan. La ruta más probable de transmisión sugiere como reservorios naturales del virus a los murciélagos, y de aquí ‘salta’ a los humanos a través de otro animal intermediario doméstico o salvaje, vendido en estos mercados. Actualmente no hay suficiente evidencia científica que identifique claramente el animal intermediario implicado. La historia se repite de nuevo porque la anterior zoonosis por SARS se originó también en un mercado húmedo de China. Dichos mercados se cerraron por las autoridades chinas, pero después de 6 meses, volvieron a abrir y en las mismas deplorables condiciones.


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Imagen: Catalina Gómez.


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Imagen: Catalina Gómez.


RECETA PARA EL DESASTRE


Quién ha visto un mercado húmedo de China o alguno de los mercados de este tipo por el mundo no se extrañarán. Los mercados húmedos hacen referencia a que en ellos se sacrifican in situ muchos de los animales domésticos o salvajes que se venden. En un espacio extremadamente congestionado y cerrado, cada mañana se agolpan cientos de personas, jaulas repletas de animales domésticos y salvajes, sangre, excretas, vísceras y fluidos corporales se entremezclan, en medio de una total ausencia de bioseguridad. Peces vivos que se agitan en cubetas, eviscerados y fileteados en el suelo. Las condiciones higiénico-sanitarias son deplorables. Antes de llegar al mercado el hedor flota de manera evidente en el ambiente. Hay gente que vive y pernocta en el propio mercado o su entorno más próximo. Quienes trabajamos en el control sanitario oficial de establecimientos alimentarios, no podemos dar crédito a lo que vemos. Al margen, del total desprecio por el bienestar animal, estos mercados tienen todos los ingredientes para crear el medio ambiente perfecto para la trasmisión viral o microbiana. Mientras estos mercados persistan, hablaremos del próximo virus porque con la globalización, la superpoblación y la hiperconectividad, el mundo se ha hecho pequeño. Personas y gérmenes viajan a una velocidad desconocida hasta ahora por la humanidad. Ya nadie está seguro dentro de sus fronteras.


¿PODRÍAMOS PREPARARNOS MEJOR PARA EL PRÓXIMO VIRUS?


Para empezar, podríamos poner a trabajar a profesionales de la sanidad humana, de la sanidad animal y la sanidad medioambiental conjuntamente. No podremos vencer a este y otros virus futuros, si no creamos una red capaz de fusionar las contribuciones de diferentes expertos para trabajar de manera integral. Valga de ejemplo que en Alemania, el máximo responsable técnico de la gestión de la pandemia por coronavirus, el homólogo al Fernando Simón español, es el eminente veterinario Lothar Wieler, mientras que en España no hay ningún veterinario en el consejo asesor a pesar de tratarse de una zoonosis. Es preciso utilizar todo el arsenal de potencialidades y saberes del que disponemos y eso lo dicen los tres Organismos Internacionales más reputados en materia sanitaria; La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal) cuando defienden el enfoque One Health, una sola salud, y requieren establecer una colaboración multidisciplinaria y multisectorial para abordar la prevención y lucha contra las zoonosis.


La editorial de la prestigiosa revista científica “The Lancet” señala que en la actualidad los principales actores de la red están compartimentados, médicos, veterinarios, expertos de Salud Pública e inspectores de calidad de los alimentos actúan de forma separada. Falta una red cohesiva para alinear esfuerzos separados y trabajar de manera más efectiva. Si el origen de las últimas epidemias ha sido los mercados húmedos, el patrón seguirá repitiéndose hasta que se cierren. No solo por sus deplorables condiciones higiénico-sanitarias y por ser fábricas de patógenos, también por su falta de respeto al bienestar animal y por el tráfico de vida salvaje.


La incuestionable realidad de los riesgos sanitarios en la interfaz hombre-animal-medioambiente, cobra un dramático sentido cuando es precisamente, el origen animal del coronavirus, el que nos recuerda que las barreras entre enfermedades animales y humanas son ficticias y que estamos obligados a considerar la salud desde una perspectiva más ambiental y global y no sólo como una interpretación estrictamente clínica o asistencial.


No son los animales los responsables de las epidemias. En la mayoría de las zoonosis emergentes, el hombre ha invadido los espacios ecológicos de la vida silvestre y hemos puesto a nuestro servicio consumista la naturaleza. El cambio climático y la destrucción de hábitat son poderosos aliados para el anidamiento de las zoonosis.


En la cima de nuestra pirámide de la opulencia, hemos sido testigos de cómo un simple bichito invisible ha cerrado el mundo. Desconcertados, hemos asistido a nuestro súbito confinamiento y a la toma de consciencia de nuestra vulnerabilidad como especie y de los valores perdidos desde que mordimos la manzana de la modernidad.


Con una pandemia galopante a nivel mundial, de efectos sanitarios y socio-económicos desconocidos, se hace preciso reflexionar sobre nuestro modelo de desarrollo futuro y nuestra relación con la naturaleza para empezar de nuevo a reconstruirnos.

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