José Ramiro González durante su discurso de ingreso a la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León (AVETCYL).

José Ramiro González, nuevo miembro de la Academia Veterinaria de Castilla y León

​En su incorporación a la AVETCYL, José Ramiro González habló de que los animales y sus producciones constituyen bioindicadores de contaminación, como el contenido residual de algunos elementos de la leche y de otros tejidos de origen animal
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El Paraninfo Gordón Ordás del Edificio El Albéitar de la Universidad de León acogió la semana pasada el acto solemne de incorporación a la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León (AVETCYL) del profesor de la Universidad de León José Ramiro González Montaña, como nuevo académico correspondiente, en una ceremonia en la que pronunció un discurso titulado ‘Metales pesados en leche, como indicadores de contaminación medioambiental’.


José Ramiro González explicó que el consumo de leche y productos lácteos es muy elevado en los países desarrollados, en donde representa entre el 10 y el 20% de los requerimientos calóricos de la dieta diaria, y señaló que en los países europeos “constituyen el 5% de la ingesta total de alimentos”. González aseguró que los consumidores más frecuentes de estos productos son los bebés y los ancianos, “y estos dos grupos demográficos pueden describirse como particularmente vulnerables a los riesgos por exposición a algunas sustancias, y entre ellas a los metales pesados”.


En su intervención, el nuevo académico recordó grandes escándalos relacionados con la contaminación medioambiental, como la presencia de dioxinas en piensos compuestos destinados a la alimentación avícola, la leche china contaminada por melanina, el grano envenenado en Irak, el saturnismo (envenenamiento por plomo), o los desastres de Seveso, ocurrido en 1976 en Italia, y de Bhobal que tuvo lugar en 1984 en la India. En la lista no podía faltar el que afectó a Aznalcóllar en 1998, “la mayor catástrofe ecológica por acción humana vivida en nuestro país”.


En este contexto, los animales y sus producciones constituyen bioindicadores de contaminación, y el contenido residual de algunos elementos de la leche y de otros tejidos de origen animal es “un importante indicador del grado de contaminación, así como un indicador indirecto de las condiciones ambientales”. Tras analizar los usos y aplicaciones de los metales pesados, la manera en que se incorporan a la cadena trófica y su toxicidad, el nuevo académico afirmó que tenemos ante nosotros “un futuro claramente incierto, sin embargo, existen multitud de estudios que permiten vislumbrar claros rayos de esperanza”.


La intervención de González Montaña finalizó con la petición a los gobiernos para que se impliquen en la reducción de la contaminación, “para que todos los seres vivos se vuelvan saludables en un entorno inofensivo”, y con la propuesta del uso de ultrasonidos para aumentar la eficacia y seguridad del consumidor. “Se ha demostrado, ‐afirmó‐, que el tratamiento con ultrasonidos conduce a cambios significativos en la distribución del tamaño de las partículas de grasa y proteínas presentes en la leche”. Esta reducción “permite la descontaminación exitosa de metales pesados como plomo, arsénico y mercurio en la leche”, por ello, ‐concluyó‐, los ultrasonidos de baja frecuencia pueden usarse, “sin afectar las propiedades físicas, químicas y microbiológicas de los productos lácteos”.

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