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¿Cómo vivimos nuestra profesión en esta época?
​Nathalie Weichsler, doctora en Ciencias Veterinarias y consultora psicológica.

¿Cómo vivimos nuestra profesión en esta época?

​Nathalie Weichsler, doctora en Ciencias Veterinarias y consultora psicológica
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Todos soñamos, cuando decidimos ser médicos veterinarios, con nuestro ideal de la profesión. Nos imaginamos cómo iba a ser el trabajo, y seguramente no tuvimos en cuenta muchos de los aspectos complejos que conllevan el mismo, igual que cualquier trabajo. El contacto real con nuestra profesión una vez recibidos, y la experiencia, nos ha enfrentado con todos estos aspectos no tenidos en cuenta, y pueden ser hoy una posible causa de que algunos colegas la vivan completamente diferente a lo que alguna vez la soñaron.


En el ejercicio de nuestra profesión, y sobre todo en la rama de la clínica, los médicos veterinarios nos encontramos a diario sometidos a presiones cada vez más exigentes, entre otras, de las familias de nuestros pacientes. En muchos países se realizan estudios y se confeccionan estadísticas, basados en los problemas de salud mental, física y emocional de los colegas, que en algunos casos, lamentablemente llevan a tomar decisiones extremas, que han convertido a la profesión veterinaria en una de las de mayor índice de suicidio en varios países alrededor del mundo. Estos estudios muestran que son múltiples los factores que nos pueden hacer vivir nuestro trabajo de formas poco saludables y hasta llegar a dañarnos. La rutina, el estar “acostumbrados” a las situaciones que a diario se nos presentan, hacen que a veces pongamos piloto automático, y así, pasan los años y muchos colegas terminan por afirmar que la profesión perdió su encanto, el placer y en algunos casos hasta manifiestan un franco hartazgo de la misma. Lo que muchos soñaron cuando estaban estudiando, o a punto de recibirse, para algunos fue simplemente eso, un sueño, que con los años se convirtió en una realidad completamente diferente. Otros, por el contrario, disfrutan cada día de lo que hacen, con altibajos, claro, como cualquier otra profesión, pero en términos globales, pueden afirmar que están felices y plenos con lo que hacen. Para los que no lo viven así, su trabajo puede convertirse en una molestia, un peso que contribuye al cansancio, exceso de preocupación, malhumor y la falta de entusiasmo, y eso indefectiblemente se manifiesta en todos los demás aspectos de la vida del que lo padece.


¿Cuáles son los factores que suelen influir para que nuestra profesión se transforme para algunos en un problema? De acuerdo a numerosas investigaciones, los mismos suelen estar relacionados con:


- La falta de concordancia entre el trabajo realizado y la retribución económica

- Expectativas y presión de los clientes

- Relaciones o situaciones conflictivas con los clientes

- Obligaciones profesionales con el paciente, la familia y la sociedad

- Fatiga por dilemas morales

- Agotamiento emocional

- Acoso por redes sociales, denuncias, juicios

- Horarios laborales vs. tiempo libre

- Aislamiento social y falta de apoyo profesional para consultar, sobre todo en aquellos colegas que trabajan solos

- Dificultad para procesar los errores cometidos, sobre todo si afectaron seriamente la vida de un paciente

- Falta de recursos materiales

- Contacto frecuente con el sufrimiento y la muerte

- Desprestigio social en comparación con los médicos humanos


PROBLEMAS DIARIOS


Estos factores, entre otros, pueden contribuir a generar que el ejercicio de la profesión deje de ser algo que nos satisfaga, sino muy por el contrario, se pueda transformar en un dolor de cabeza diario, que lleve al desgano extremo de trabajar, y como dije anteriormente, las consecuencias de esta situación indefectiblemente se verán reflejadas luego en los demás aspectos de la vida de quien la padece. Analicemos algunos de ellos.


A algunos colegas tal vez les suene familiar algunas de estas preguntas por parte de los clientes: ¿Le debo algo? ¿Hay que abonar la consulta? ¿El control también se paga? ¿Por esto tengo que pagarle? ¿Si vengo por el mismo problema, la próxima vez no tengo que abonar, ¿no? ¿Por qué debería pagar la consulta si no solucionó el problema? 


Estos son uno de los tantos planteamientos, que más allá de la impotencia que generan, puede hacernos dudar en algunos momentos sobre si deberíamos cobrar o no en una situación particular, e incluso nos puede generar vergüenza, como si por el simple hecho de trabajar con animales, esto es un sinónimo de beneficencia.


Por otra parte, cometer un error o una equivocación no se nos está permitido a los médicos, porque en este caso, hacerlo puede poner en riesgo la vida de otro ser. Cuando esto sucede, los reproches, reclamos o críticas suelen tener, por ejemplo, la forma de “para eso estudió, se supone que usted sabe lo que hace”. Lo peor es que, sea por error, por omisión, por equivocación, o inclusive, aunque no haya existido nada de eso, cada vez más nos vemos involucrados en exposiciones por parte de otras personas, quienes toman esto para publicarlo en sus redes sociales, o para realizar “escraches” públicos en los propios lugares de trabajo. Esto ha llevado que muchos colegas alrededor del mundo ya hayan llegado al extremo de colocar sistemas de grabación en sus consultorios como una forma desesperada de buscar protección.


¿Quién no piensa hoy dos veces antes de dar un diagnóstico o de emitir una opinión? Cada vez más estamos pendientes de cuidar cada palabra que le decimos a nuestros clientes y de la forma en la que lo hacemos. Lidiar con un error en nuestra profesión ya es bastante peso que soportar, por lo que todo lo que se agregue a ello, lo hace aún más complicado. Si partimos de la base de que ningún médico veterinario estudió esta carrera para hacer daño, es sencillo de comprender que cuando nos equivocamos, jamás es intencional. Claro, esta afirmación tan lógica y obvia no siempre lo es para aquellos cuyos animales han padecido a causa de nuestro error, pero es importante que a nosotros nos debería quedar absolutamente claro este concepto, cosa que a veces se desdibuja cuando nos invade la culpa, la vergüenza y la bronca por lo sucedido.


El error es parte de nuestro “ser” humano, y con esto no lo justifico, simplemente deberíamos reconocer que, aunque es posible minimizarlo, jamás podremos desterrarlo definitivamente (y esto, cabe aclararlo, también incluye nuestra vida personal). Por ello es que sería bueno buscar una manera saludable de convivir con él, haciéndonos responsables del mismo, reconociendo que no nos equivocamos intencionalmente y tomándolo como una oportunidad para crecer, porque, aunque suene a una frase hecha, un error es precisamente una oportunidad.


Por otra parte, cuando recibimos reclamos por errores no cometidos, los mismos se tiñen de más bronca e impotencia aún, porque sentimos la injusticia del hecho, y más si nos perjudican públicamente, lo que puede dejar cicatrices en nuestra imagen profesional y personal, a veces imborrables. Cada día aumentan los casos de exposición pública, cosa que en lo personal repudio absolutamente. Siempre creí que los problemas deben encontrar su solución en el ámbito correspondiente, que por supuesto, en nuestro caso, no son las redes sociales, los medios periodísticos ni ningún otro ámbito público que preste a opinar sin conocer la veracidad de los hechos.


De todas formas, también es bueno intentar ponerse en el lugar del otro, (ahora que se ha puesto tan de moda el término “empatía”) no solamente para buscar comprender el motivo que pudo a la otra persona haber llevado a tomar determinada decisión, sino también para reflexionar sobre lo que nosotros hubiésemos hecho en su lugar. Esto no pretende para nada justificar las acciones de los demás, simplemente nos permitirá entender que cada persona mira la vida a través de sus propios lentes, con sus propios principios, aunque no siempre estemos de acuerdo con su forma de ver las cosas.


Ningún profesional está exento hoy en día de sufrir una embestida por parte de un propietario, dueño de un campo o jefe inclusive, lo que no podemos hacer es perder la objetividad. No es fácil transitar estos momentos, y para algunos colegas ha sido tan difícil de manejar que los ha perjudicado gravemente en su vida personal. Estar atentos a lo que nos sucede como personas, además de cómo profesionales, nos permitirá sobrellevar este tipo de situaciones de una forma mejor, y para hacer esto, siempre es bueno contar con el apoyo de alguien más, y no solamente desde el aspecto legal, sino sobre todo como sostén psicológico y emocional.


¿QUÉ HACER PARA MEJORAR?


Ahora bien, teniendo en cuenta también los demás factores más arriba mencionados, y que pueden influir negativamente en nuestra profesión, ¿nos podríamos preguntar cómo hacer para estar mejor en relación con la misma? Para responder a esta pregunta, lo primero que deberíamos poder hacer es sincerarnos con lo que realmente sentimos con respecto a ella. Tomarnos el tiempo para analizar qué es lo que nos sucede hoy en relación al ejercicio profesional, es el puntapié para poder diseñar formas saludables para modificar lo que no nos satisface. Sincerarnos no siempre es fácil, y pensar que el entorno es el responsable de lo que nos sucede en nuestro trabajo es usualmente más simple y nos quita el peso de encima de tener que enfrentarnos a lo que no nos gusta. Hacer una lista de los aspectos que no nos resultan positivos del ejercicio de nuestra profesión en este momento de nuestras vidas, es una buena forma de comenzar a generar el cambio. Solemos tender a pensar que muchas cosas no son modificables y que hay que estar en la situación de cada uno para poder opinar lo que nos sucede. Este tipo de argumento tal vez es otra manera de ponernos palos en la rueda, sin responsabilizarnos de que nuestras decisiones nos llevan muchas veces a los lugares en donde nos encontramos, nos guste o no asumirlo.


El enojo, la impotencia y la bronca suelen ser sentimientos asociados a situaciones que creemos que no podemos modificar, y eso es bueno tenerlo en cuenta también ya que es una llamada de atención para que tomemos consciencia de que algo anda mal.


A continuación de la lista de aspectos que no nos hacen sentir bien, podríamos confeccionar otra, con aspectos positivos y deseos de cómo quisiéramos estar viviendo nuestra profesión. Seguramente nos sorprenderemos de encontrar que aspectos tan sencillos como, por ejemplo, trabajar menos horas o no trabajar los fines de semana ya nos harían sentir mucho mejor. Claro, seguramente también aquí encontraríamos rápidamente contramotivos y en estos casos diríamos que si trabajamos menos no nos alcanzará el dinero, o que es imposible pensar en cambiar de trabajo o modificar aspectos operativos en relación a la forma de trabajar, sobre todo en estos momentos. Con afirmaciones como estas, ¿es posible que estemos trasladando las justificaciones afuera, en vez de partir pensando en nosotros? Nadie más ejercerá por nosotros la profesión que estudiamos, es algo de cada uno, entonces, ¿no es lógico que deberíamos pensar primero en estar bien nosotros mismos con lo que vamos a hacer cada día de nuestra vida profesional? Escucharnos, estar atentos a nuestros deseos y actuar en consecuencia, nos ayudará a disfrutar de lo que hacemos, en cada aspecto de nuestras vidas.  


A veces perdemos de vista este simple razonamiento, y comenzamos a transitar un camino en lo profesional en donde priorizamos tantas otras cosas externas antes de lo que quisiéramos nosotros y terminamos perdiéndonos en justificaciones que concluyen transformando el camino inicial en un callejón sin salida, sin dejarnos más opción que seguir tal cual estamos porque creemos que es el único camino y que no es posible modificar nada.


Obviamente debemos ser realistas, y tal vez, para algunos, por diversos motivos, hoy no es momento preciso para llevar a cabo cambios importantes, pero sabiendo esto, podemos fijarnos metas y comenzar hoy mismo a planificar estos cambios, sin perdernos en el camino.  Eso ya es un paso enorme. Nosotros hacemos nuestra profesión, cada colega, en su lugar de trabajo, tiene la enorme oportunidad de moldear la profesión, para darle la forma que más se parezca a sí mismo, a lo que imaginó cuando comenzó a estudiar, y que lo haga feliz, para que, en retrospectiva, alguna vez, pueda decir que no se equivocó en elegir esta hermosa profesión de ayuda que significa ser un “MÉDICO VETERINARIO” con todas las letras. Aunque a veces no lo parezca, depende de nosotros.


Artículo publicado originalmente en Revista Síntesis Consejo Profesional de Médicos Veterinarios.

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