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Veterinarios españoles publican un estudio sobre el control de gatos en libertad
Abordan el control de poblaciones en gatos en libertad desde una perspectiva veterinaria.

Veterinarios españoles publican un estudio sobre el control de gatos en libertad

​El debate sobre los gatos de vida libre está de plena actualidad. Los cruces de acusaciones entre detractores y defensores de la existencia de este tipo de animales en el medio urbano, periurbano y rural, es objeto de debate y no deja de generar controversia
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Recientemente, se ha publicado un estudio en la revista Journal of Animal Law & Interdisciplinary Animal Welfare Studies, titulado “control de poblaciones: gatos en libertad, perspectiva veterinaria”. Dicho estudio está firmado por tres veterinarios de la asociación de veterinarios Avatma, Octavio Pérez Luzardo, y Manuel Zumbado Peña, profesores de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Las Palmas Gran Canaria, y José Enrique Zaldívar Laguía, veterinario clínico y presidente de Avatma, junto a María del Mar Travieso Aja, médica del Grupo Hospitalario San Roque, en Las Palmas de Gran Canaria.


La propia asociación ha publicado dicho estudio manifestando que sirve de respuesta al documento publicado recientemente por la OCV (Organización Colegial Veterinaria), “con el que ya hemos manifestado nuestro desacuerdo”.


Cada año se abandonan en España más de 120.000 gatos. Muchos de ellos mueren, pero otros se adaptan a vivir en libertad, se reproducen, y acaban formando una población particular de gatos, con un grado bajo de socialización con el ser humano, a los que se suele denominar gatos “ferales”. Una particularidad de esta población es que los gatos suelen agruparse en “colonias” que se ubican en territorios muy concretos, habitualmente en entornos urbanos que les ofrecen zonas en las que resguardarse y fuentes de alimentación a su alcance.


Si bien en última instancia estos gatos son responsabilidad municipal, lo cierto es que, en la mayoría de las ocasiones, estas colonias son atendidas por organizaciones de defensa de los animales que les ofrecen alimento y cuidados para darles una mejor calidad de vida y que, en muchas ocasiones, además, los esterilizan, vacunan y desparasitan. No obstante, también a menudo, la presencia de colonias felinas se identifica como fuente de conflictos de muy diversa índole, desde molestias a los vecinos hasta potenciales problemas de salud pública e incluso riesgos ecológicos (en especial en lo que se refiere a la biodiversidad, porque eventualmente podrían dañar a poblaciones de algunas especies silvestres).


Los autores del estudio explican que “es habitual que las personas o colectivos que tienen conflictos con los gatos en libertad insten a las autoridades para que se intervenga de forma drástica, sacrificándolos o capturándolos y llevándolos a los centros de recogida de animales, en donde, en su mayoría, acabarán siendo sacrificados posteriormente. Todo esto lleva a debates polémicos entre ambientalistas y defensores del bienestar animal, y a una tensión social creciente”.


Los veterinarios están plenamente comprometidos en la prevención de la sobrepoblación de gatos y son una parte fundamental en la gestión de los gatos en libertad, en su saneamiento y en su control. No obstante, los investigadores indican que “los veterinarios no pueden conformarse con atajar las consecuencias del problema (retirar gatos del medio), sino que, por su formación científica, su código deontológico y su responsabilidad profesional, están obligados a ir a la raíz del problema y a buscar soluciones que, aunque resulten más lentas, resuelvan la situación de forma duradera”.


Por ello, han llevado a cabo esta revisión para aportar “el punto de vista veterinario con respecto a esta compleja problemática y a la forma científica y eficaz de abordarla”.


EFECTOS SOBRE LA SALUD PÚBLICA


Uno de los temas que se abordan en dicho estudio son los efectos sobre la salud pública que tienen los gatos de vida en libertad, y analizan diversas zoonosis relacionadas con los gatos, como la anquilostomiasis, bartonelosis, giardiasis, rabia o toxoplasmosis, entre otras.


Los autores explican que los datos epidemiológicos y los estudios científicos indican que las quejas acerca de los gatos como foco de enfermedades “están sumamente exageradas, al menos en lo que respecta a países con un alto nivel de desarrollo de la salud pública, como es el caso de España”.


“Los riesgos para la salud pública que han sido descritos a nivel mundial en relación con los gatos, ya sean de colonias o no, son de escasa o nula relevancia en España, al igual que ocurre en la mayoría de los países de nuestro entorno socioeconómico inmediato. No queremos decir en absoluto que haya que despreciar el riesgo potencial de estas u otras zoonosis, las cuales deben ser, sin duda, vigiladas. No obstante, sí que es necesario destacar que las cifras de incidencia de la mayoría de estas enfermedades zoonóticas en España indican que están muy lejos de representar un verdadero problema de salud pública”, afirman. A juicio de los autores, atribuir a los gatos de vida libre un papel epidemiológico relevante es fomentar el miedo, ya sea por desconocimiento, o de forma interesada, para forzar su erradicación.


CASTRACIÓN, “UNA BUENA ALTERNATIVA, PERO HAY QUE EMPLEARLA BIEN”


La investigación científica y décadas de intentos han demostrado que atrapar y matar no deja un área permanentemente libre de gatos, “objetivo que es prácticamente imposible de alcanzar. Cuando se eliminan los gatos, la población se recupera rápidamente a través de un fenómeno natural conocido como el ‘efecto de vacío’, lo que conduce a un interminable ciclo de captura y matanza”. El efecto de vacío sucede cuando una parte de una población animal se retira permanentemente de su área de distribución. Tarde o temprano, el hábitat vacío atrae a otros miembros de la especie provenientes de áreas vecinas, que se trasladan para aprovechar los mismos recursos que atrajeron al primer grupo.


Una de las alternativas es la posibilidad de esterilizar un gato que vive al aire libre. “De forma intuitiva parece lógico pensar que, si evitamos que nazcan muchos gatitos, ayudamos a reducir el número total de gatos y a disminuir así la población. Esto tiene toda la lógica, pero hay que ser conscientes de que el resultado final de las esterilizaciones es un proceso complejo que depende de los fundamentos biológicos que gobiernan la dinámica de las poblaciones de gatos que viven al aire libre. La desafortunada realidad es que muchas esterilizaciones que se realizan en estos gatos acaban no teniendo un impacto significativo en el tamaño de la población, motivo por el cual los programas de Captura-Esterilización-Retorno (CER, a veces llamados CEVR, si incluye la vacunación) han sido objeto de numerosas críticas por parte de quienes se oponen a este procedimiento, y se encuentran bajo constante escrutinio”.


Sin embargo, explican que no es tan sencillo decir que los programas CER no funcionan. “Los veterinarios, en virtud de su formación técnica y conocimiento del método científico, tienen la capacidad de incorporar constructivamente los elementos críticos de la biología de poblaciones a la práctica del método CER, por lo que juegan un papel fundamental en el desarrollo de estos programas, no sólo a nivel clínico, sino también a nivel administrativo y de planificación”.


El estudio recoge una revisión del año 2020, donde se evaluaron 66 programas de intervención CER. Los resultados de esta revisión indicaron que las mayores tasas de éxito se logran cuando los programas CER se complementan con los programas de captura y retirada, entendiendo que dicha retirada está limitada a los gatos que pueden entrar en programas de adopción, o a la eutanasia bajo prescripción veterinaria de aquellos gatos gravemente enfermos, irrecuperables o portadores de enfermedades infecciosas graves, y retornando al resto a su hábitat natural. Otra conclusión importante de esta revisión que se indica en el trabajo es que los programas CER funcionan mucho mejor cuando se mantienen a largo plazo. “Es decir, los estudios disponibles demuestran que la reducción a largo plazo del número de gatos que llevan una vida en libertad es totalmente factible siguiendo el método CER, cuando éste es bien aplicado”, comentan.


POSICIÓN DE LOS VETERINARIOS


El sacrificio en albergues es la primera causa de muerte en gatos, a pesar de que se ha reducido más de un 60 % en los últimos 30 años, “significa, principalmente, que existe una sobrepoblación de gatos de vida en libertad y que su número excede con mucho la capacidad de adopción existente. Durante décadas los veterinarios hemos aceptado que sacrificar gatos en albergues era una triste pero inevitable realidad”.


Sin embargo, en pleno siglo XXI, apuntan que los veterinarios deben liderar todos aquellos cambios en relación con el bienestar animal que demanda la sociedad. “La discrepancia comienza a producirse cuando se habla de la metodología a emplear para lograr este objetivo”.


Ponen el ejemplo de Estados Unidos, donde se estima que la población felina total (gatos caseros y de vida libre) ha disminuido en un 90 % desde el año 1992. “Los gatos con casa son esterilizados en tasas superiores al 80 %, y las camadas que nacen son las necesarias para la tasa de reposición, con un crecimiento cero de la población total. Esto ha sido posible gracias, principalmente, a la labor de concienciación realizada por los veterinarios durante años. La mayor parte del trabajo pendiente es el referido a las poblaciones de gatos de vida libre, dado que actualmente la tasa de esterilización en ellos es aún muy baja. Por eso, el nacimiento de gatitos y la consiguiente tasa de reposición es muy alta. Es ahí donde deben concentrarse todos los esfuerzos”.


“Existe un enorme consenso en la profesión veterinaria de que el método CER (o su variante sin gonadectomía, esterilización sin castración) es el único método aceptable para el control de la población de gatos que viven al aire libre. Es un método basado en la ciencia, cuya eficacia ha sido demostrada en numerosos estudios, y que proporciona suficiente nivel de bienestar animal como para cumplir con los estándares mínimos aceptables en nuestra profesión”.


Por otra parte, destacan que “no consideramos aceptable la alimentación de gatos de colonia sin que se acometa su esterilización y sin prestarles cuidados veterinarios, porque esto únicamente perpetúa la sobrepoblación y sus consecuencias”.


Asimismo, subrayan que la eutanasia se debe reservar para casos extremos, cuando razones de salud individual que se consideran irreversibles así lo justifiquen, y siempre bajo prescripción facultativa. Tampoco apoyan la retirada de los gatos del medio, “dada su probada ineficacia y el alto grado de maltrato animal que esta práctica supone, al menos cuando es aplicada de forma indiscriminada”.


Por último, abogan por la concienciación social con un papel clave de los veterinarios, “resaltando la necesidad de esterilizar a todos los gatos (también los de vida doméstica), de formar a los propietarios sobre la tenencia responsable de mascotas y de concienciar contra el abandono”.


“En realidad, el veterinario no es que sea necesario, sino que debe ser el pilar fundamental en los planes de gestión integral de colonias, con el CER como objetivo más importante, pero siempre acompañado de un control de salud pública, de medioambiente, de sanidad animal y bienestar, fundamental para que haya aceptación vecinal y consecuentemente convivencia ciudadana”, concluyen.


Pueden acceder al estudio completo en este enlace.

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