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Veterinario español advierte del repunte de resistencia antibiótica tras la COVID-19
Bruno González Zorn, catedrático de Sanidad Animal de la Facultad Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid.

Veterinario español advierte del repunte de resistencia antibiótica tras la COVID-19

El veterinario Bruno González Zorn, catedrático de Sanidad Animal de la Facultad Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, ha realizado una investigación para evaluar los efectos del uso de antibióticos durante la gestión de la pandemia en España
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Antes de la pandemia por COVID-19, la resistencia a los antimicrobianos era la crisis de salud más acuciante del mundo. Las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades han hecho de la resistencia a los antimicrobianos una prioridad máxima, estableciendo un grupo de trabajo en el G-20 y organizando una iniciativa de programa conjunto sobre resistencia a los antimicrobianos.


Sin embargo, con la aparición del virus del síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2 (SARS-CoV-2) en enero de 2020, todos los esfuerzos ahora se centran en COVID-19, incluido el control de infecciones y el desarrollo de vacunas.


Las infecciones virales no solo producen enfermedades, sino que también allanan el camino para infecciones bacterianas secundarias que pueden ser más invasivas y potencialmente mortales que la infección viral inicial. Bruno González Zorn, catedrático de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, ha realizado una investigación para evaluar los efectos del uso de antibióticos durante la gestión de la pandemia en España.


MAYOR USO DE ANTIBIÓTICOS


Con el SARS-CoV-2, el antibiótico macrólido azitromicina ha sido una de las terapias recomendadas contra la COVID-19, junto con hidroxicloroquina o remdesivir, además de otros fármacos como tocilizumab.


Aunque no hay pruebas sólidas de la eficacia de la azitromicina contra el SARS-CoV-2, es probable que se produzca un aumento significativo en el uso del antibiótico. Esto podría desencadenar un segundo escenario post-COVID-19 de coinfecciones bacterianas causadas por patógenos que son más resistentes a los antibióticos que los que conocemos hoy, poniendo en riesgo el  actual sistema de salud.


El primer paciente de COVID-19 en España fue diagnosticado el 31 de enero de 2020 en Canarias; a 31 de marzo, España tenía 62.095 pacientes hospitalizados, 6.730 pacientes en unidades de cuidados intensivos y 8.674 muertes.


Para evaluar el uso de antibióticos durante la crisis de COVID-19, González Zorn ha registrado el uso de los antibacterianos para uso sistémico en España en marzo de 2020 y comparado los datos con el consumo de antibióticos de enero de 2017 a febrero de 2020.


La línea de tiempo desde enero de 2017 muestra una curva estacional típica, con un uso máximo de antibióticos en los meses de invierno, alcanzando su punto máximo en enero y una disminución general a lo largo de los años, probablemente como resultado del Plan de Acción Nacional de España. En marzo de 2020, con un repunte de los casos de COVID-19 en España, el consumo de antibióticos aumentó significativamente un 11,5 % en comparación con febrero de 2020, según recoge el estudio publicado.


Para evaluar si este aumento repentino tuvo un impacto en el tipo de antibióticos administrados, se analizaron 60 clases de antibióticos pertenecientes a todas las familias de antimicrobianos.


El uso de azitromicina en marzo de 2020 fue un 400 % del uso de la misma molécula en febrero de 2020, y más del 320 % del consumo de azitromicina en enero de 2019, el mes con la tasa más alta registrada desde enero de 2017. 


Así, COVID-19 ha contribuido a un aumento sustancial del uso de azitromicina en los hospitales españoles. "Esto es muy preocupante, ya que podría tener un efecto sobre los niveles de resistencia a este fármaco y reducir rápidamente la utilidad de este macrólido en el futuro", comenta el autor.


Sin embargo, cuando se analizaron otros antibióticos, otros siete medicamentos alcanzaron las tasas más altas de uso en marzo de 2020 hasta niveles no vistos desde enero de 2017. Estos antimicrobianos y su incremento con respecto a febrero de 2020 fueron ceftarolina fosamil (183 %), ceftolozano / tazobactam (103 %), cefditoren (261 %), ceftriaxona (204 %), colistina (145 %), doxiciclina (517 %) y linezolid (189 %).


Otros cuatro antibióticos, amoxicilina, cefixima, eritromicina y levofloxacina, experimentaron un aumento significativo con respecto a febrero de 2020. La mayoría de estos antibióticos no están dirigidos específicamente contra las bacterias respiratorias y son antibióticos de amplio espectro que actúan contra una amplia variedad de enfermedades y familias bacterianas, incluidos los patógenos grampositivos y gramnegativos.


Los datos presentados muestran el uso de antibióticos hasta el 31 de marzo de 2020, ya que la pandemia del SARS-CoV-2 recién comenzaba en la mayoría de los países, incluida España. El aumento de antibióticos incluye antibióticos de último recurso que la OMS en 2019 clasificó como antimicrobianos críticos por sus niveles de resistencia.


Así, el experto advierte que los datos indican que tendremos un escenario post-COVID-19 donde la resistencia a los antimicrobianos y las infecciones nosocomiales resistentes a los antimicrobianos podrían regresar con mayor fuerza.


Sin embargo, si algo nos ha mostrado la crisis de la COVID-19 es que un aumento de las medidas de control de infecciones intrahospitalarias es efectivo. Estas mismas medidas podrían ser igualmente efectivas para controlar la propagación de bacterias multirresistentes dentro de los hospitales, lo que podría conducir a un mejor manejo de las infecciones nosocomiales.


"Aún no sabemos si estas medidas podrán contrarrestar el potencial aumento de la resistencia a los antibióticos de último recurso en los hospitales. Sin embargo, sabemos que el uso de antibióticos será mayor a medida que aumente el número de casos clínicos de COVID-19 y que nuestras opciones terapéuticas para tratar las infecciones bacterianas serán aún más limitadas en el futuro".


"Seguir los programas de administración de antibióticos en todo el mundo en estos meses de la pandemia de COVID-19, especialmente en esta segunda ola, es y será fundamental para el bienestar y la preservación de la sociedad", concluye.

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