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Adquisición de la microbiota intestinal: transmisión madre-hijo
Juan Miguel Rodríguez Gómez, catedrático de Nutrición de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense.

Adquisición de la microbiota intestinal: transmisión madre-hijo

​Este ha sido el título de la conferencia llevada a cabo por el veterinario Juan Miguel Rodríguez hace unos días en la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España
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El pasado lunes, día 15 de febrero, intervino en la sede de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España el veterinario Juan Miguel Rodríguez Gómez, catedrático de Nutrición de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense, del Departamento de Ciencias de los Alimentos. El tema de su disertación fue la “Adquisición de la microbiota intestinal: transmisión madre-hijo”.


El propio Rodríguez Gómez ha elaborado un resumen que a continuación se lo reproducimos íntegramente:


“La colonización del intestino del neonato representa el ensamblaje de novo de una comunidad microbiana compleja que ejerce una gran influencia sobre la salud a lo largo de la vida. El desarrollo y la maduración de la microbiota intestinal es un proceso dinámico en el que tienen lugar interacciones complejas entre numerosos taxones microbianos y entre los microrganismos y el hospedador. Este proceso está influenciado por numerosos factores materno-infantiles, microbianos y ambientales. La noción de que el entorno fetal humano es estéril en condiciones fisiológicas (“el paradigma del útero estéril”) ha sido un dogma aceptado durante décadas. Según este concepto, la colonización microbiana del tracto intestinal del recién nacido sano comienza durante y después del nacimiento por transmisión vertical (a partir de la microbiota de la madre) u horizontal (otras fuentes). En contraste, diversos estudios recientes (la mayoría de ellos basados en el empleo de técnicas independientes de cultivo) han desafiado este punto de vista tradicional y han propuesto que la adquisición de la microbiota humana comienza en el útero materno. Sin embargo, si bien es posible que no todos los bebés sanos nazcan estériles como se suponía anteriormente, también es cierto que los estudios que respaldan la “hipótesis de la colonización in utero” deben analizarse con precaución ya que la mayoría de ellos contienen limitaciones metodológicas relevantes.


La transmisión vertical de microorganismos vaginales e intestinales maternos durante el nacimiento ha sido ampliamente aceptada. Sin embargo, existe otra vía igual de relevante pero mucho más desconocida: la leche materna. En los últimos 15 años, varios grupos de investigación han puesto de manifiesto la presencia de bacterias comensales, mutualistas o potencialmente probióticas en la leche humana en condiciones fisiológicas, lo que ha provocado un creciente interés por conocer su microbiota y microbioma y sus posibles funciones para la salud materna y/o infantil. En general, la microbiota de la leche humana parece estar dominada por bacterias Gram-positivas pertenecientes a los géneros Staphylococcus, Streptococcus, Corynebacterium y Cutibacterium. No obstante, también se pueden aislar con cierta frecuencia diversas bacterias lácticas y bifidobacterias.


Los estudios independientes de cultivo han permitido conocer la presencia de ADN perteneciente a microorganismos estrictamente anaerobios asociados al intestino (Eubacterium, Faecalibacterium, Roseburia, entre otras), lo que ha sugerido la existencia de una ruta entero-mamaria mediante la cual ciertas bacterias del intestino materno son capaces de colonizar la glándula mamaria al final del embarazo y durante la fase de lactancia. Dicha ruta implica complejas interacciones entre las bacterias, las células del sistema inmunitario (fundamentalmente células dendríticas y macrófagos) y las células del epitelio intestinal. Diversos estudios in vitro e in vivo han proporcionado evidencias de que ciertas bacterias, incluyendo anaerobios obligatorios, pueden ser transferidas verticalmente de la madre al lactante a través de la leche materna. Durante el embarazo y la lactancia se producen muchos cambios anatómicos y fisiológicos transitorios que implican “virtualmente” a todos los sistemas, incluyendo el cardiovascular, el respiratorio, el genitourinario y el digestivo, y que proporcionan un marco adecuado para el desarrollo del feto y del recién nacido.


Todas estas adaptaciones favorecen la translocación bacteriana durante el embarazo y la lactancia. Existen tres factores que están presentes en las glándulas mamarias durante y al final del embarazo y pueden explicar el tropismo selectivo que la glándula mamaria parece ejercer sobre algunas especies bacterianas maternas durante dicha etapa: (a) existe un estado fisiológico de inmunodepresión con el fin de tolerar el feto; (b) como se ha indicado anteriormente, existe un formidable proceso de angiogénesis; y (c) el pre-calostro comienza a llenar el conducto mamario durante el último tercio del embarazo proporcionando un rico ambiente nutritivo para las bacterias, facilitando así su crecimiento. Se requieren más estudios para elucidar los mecanismos por los cuales algunas cepas bacterianas pueden translocar fisiológicamente en ciertos huéspedes o etapas de la vida. La existencia de tales vías bacterianas entero-mamarias proporcionaría nuevas oportunidades para manipular la microbiota materno-fetal alterada, reduciendo el riesgo de parto prematuro, mastitis o de ciertas enfermedades infantiles”.

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