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El estrés y ansiedad del veterinario por COVID-19, al mismo alto nivel que el resto de sanitarios

El estrés y ansiedad del veterinario por COVID-19, al mismo alto nivel que el resto de sanitarios

Una ​encuesta revela que los veterinarios, tras los enfermeros, ha sido la profesión sanitaria que más abiertamente ha reconocido cómo habían visto deteriorarse sus relaciones sociales, laborales y familiares
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La pandemia ha alterado la situación emocional de los sanitarios. Así lo acredita el Cuestionario de Evaluación Emocional para Personal Sanitario tras la COVID-19 realizado por Kayros Salud para Unión Sanitaria Valenciana (USV) (que engloba a una docena profesiones sanitarias de la provincia de Valencia). Los veterinarios -cuya participación en el estudio superó el centenar de personas- fueron el tercer colectivo sanitario que mayor estrés reconoció haber padecido, casi al mismo nivel que farmacéuticos y enfermeros, los que por la naturaleza de su actuación están en primera línea en la lucha contra la COVID-19 (los médicos casi no participaron en el trabajo).


La encuesta evidencia la presión vivida y el desasosiego constante en el desempeño de sus funciones clínicas o terapéuticas. “La incertidumbre junto con los mensajes divergentes, las jornadas maratonianas y la falta del material de protección han derivado en depresión, ansiedad y estrés, entre otros trastornos”, apunta el presidente de USV y decano del Colegio de Psicología de Valencia, Francisco Santolaya. “La tónica mayoritaria demuestra el pesimismo generalizado”, según Santolaya, quien incide en que gran parte de los encuestados “percibe encontrarse peor que en febrero”.


CALIDAD DE VIDA Y ESTRÉS


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Efectivamente, hasta un 63% de los veterinarios -frente al 50% de media del conjunto de los sanitarios- manifestaron que su calidad de vida ha empeorado, frente a un 27,5% que afirmó que apenas había variado. Los veterinarios, tras los enfermeros, fueron -de hecho- la profesión sanitaria que más abiertamente reconocían cómo habían visto deteriorarse sus relaciones sociales, laborales y familiares.


Para medir el estrés que supuso el mantenimiento de las medidas de seguridad, la población no sanitaria -que también fue consultada- respondió mayoritariamente con una puntuación de 5 (sobre 10, siendo este número el estrés máximo). Los veterinarios mostraron una mayoría de estrés percibido de 8, con casi un 10% manifestando un grado de 10 puntos.


Cuando se trataba de asegurarse de que las personas usuarias mantenían las medidas de seguridad, los resultados fueron similares. Una mayoría de la muestra no sanitaria percibió niveles de estrés entre 5 y 8, mientras que la sanitaria lo hizo, mayoritariamente, con una puntuación de entre el 8 y 10. Concretamente, los veterinarios percibieron un estrés de entre 9 y 10 puntos en el 29% de los casos.


DEPRESIÓN Y ANSIEDAD


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El estudio acredita también un ligero descenso en los niveles de ansiedad generada entre la primera (julio-agosto) y segunda (septiembre-octubre) recogida de información entre el colectivo sanitario. En este plano, apenas se comprobaron variaciones entre los niveles del colectivo sanitario con respecto al no sanitario.


SOMATIZACIÓN


Dolores de espalda, de cabeza y de articulaciones o problemas digestivos, el 68,8% de los veterinarios reconocían haber somatizado de alguna de estas maneras el estrés causado.


La presidenta del Colegio de Valencia (ICOVV), Inmaculada Ibor, ya había entablado conversaciones anteriormente con el Colegio de Psicólogos para promover de tipo formativo y asistencial. Ahora se tendrá en cuenta este estudio para realizarlas.


LOS MÁS CRÍTICOS


El mayor nivel de desamparo percibido entre las profesiones sanitarias se dio en los veterinarios, que fueron los más críticos con la Administración tras los farmacéuticos. Concretamente, en una puntuación del 1 al 10, representando este último el mayor nivel de protección, los veterinarios concedieron de media un 2,02 pero hasta un 45,9% de ellos puntuaron con un 0.


Inmaculada Ibor, presidenta del CVCV y del Colegio de Valencia (ICOVV) - que ha colaborado en la encuesta- achacó este descontento a la “poca claridad” que hubo desde las administraciones en los primeros compases de la pandemia respecto a la esencialidad de la actividad veterinaria y la disponibilidad de equipos de protección, y consideró que desde las instituciones “se podría haber actuado mejor” en la pandemia.


RIESGO PERCIBIDO


Con respecto al riesgo percibido de sufrir un contagio en el puesto de trabajo, en el estudio se observan diferencias entre el colectivo sanitario y no sanitario. Mientras que en el primero las puntuaciones oscilaron entre un 7 y 10 de riesgo percibido, la mayor parte de la población no sanitaria lo situó a un nivel mucho más bajo, de entre 2 y 5. De nuevo, entre los colegiados veterinarios, se percibió un riesgo de ser afectado por el virus sensiblemente superior a la media, con más del 55% con puntuaciones de entre 8 y 10. 


Esta percepción se incrementó en más de un punto de media entre los encuestados durante la segunda encuesta en septiembre y octubre.

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