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El programa de vigilancia de Fiebre Q valenciano no satisface a veterinarios y médicos
De izq. a dcha.: Inmaculada Ibor, presidenta veterinarios de Valencia; Mireia Mollà, consejera de Agricultura de Valencia; y Mercedes Hurtado, presidenta médicos de Valencia.

El programa de vigilancia de Fiebre Q valenciano no satisface a veterinarios y médicos

​En un escrito del Consejo de Colegios Veterinarios, afirman que la Conselleria de Agricultura ha "maquillado" de One Health el programa de vigilancia de la Fiebre Q para la comunidad valenciana​
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En julio, la Conselleria de Agricultura de la Comunitat Valenciana comunicó su intención de redactar un programa de vigilancia y control de la Fiebre Q. Los consejos autonómicos de los colegios valencianos de veterinarios (CVCV) y de médicos (COMV) reaccionaron a la propuesta y aunaron esfuerzos, en lo que constituía una de las primeras iniciativas de esta naturaleza bajo el principio One Health, para presentar alegaciones conjuntas.


Así, el texto remitido a Agricultura comenzaba por describir la patología como “una zoonosis que presenta una gran repercusión desde el punto de vista de la salud humana y animal”. El proyecto que, finalmente, ha presentado el departamento agrario ha ‘maquillado’ del enfoque de ‘una sola salud’ en su preámbulo, pero su ámbito de actuación y las medidas a aplicar en caso de una sospecha se han acabado por ceñir exclusivamente al sector ganadero.


“Efectivamente, el hecho de tratarse de una de la zoonosis más diagnosticada en personas parece haber pesado algo en la redacción de la orden, pero no lo suficiente como para incluir alguna medida específica en caso de detectarse casos en ámbitos urbanos y/o en humanos. De hecho, en el artículo 8 se refiere a ésta última eventualidad -en concreto a un positivo a la enfermedad en una persona que esté asociado a alguna explotación próxima- y el texto se limita a indicar que “se aplicarán las mismas medidas recogidas ante la sospecha de fiebre Q del art. 4 (‘Plan de actuación ante sospecha’, en una ganadería, se entiende)”, apuntan desde los consejos autonómicos de veterinarios y médicos.


Las únicas referencias, como se avanzaba, a este enfoque integrador de la sanidad se dan en el preámbulo. En su primera página, tras circunscribir los posibles casos en humana a los que se producen “por exposición en el ámbito ocupacional” (de veterinarios, trabajadores de mataderos o de plantas de procesado de carne, granjeros...), se introduce el matiz que médicos y veterinarios ansiaban -sin éxito- que fuera desarrollado: “No obstante, no podemos obviar el papel de los animales en entornos urbanos, que explicarían el aumento de casos en personas residentes en ciudades sin relación con el ganado”.


Asimismo, añaden que el proyecto de orden continúa en esta misma línea al reconocer, acto seguido, que “el control de la fiebre Q en los animales domésticos es fundamental para reducir la incidencia de la enfermedad en humanos, por lo que deben establecerse planes de vigilancia y control basados principalmente en la detección y en medidas de profilaxis e higiene en las explotaciones, al margen del control sanitario de poblaciones animales del entorno urbano como perros abandonados, roedores y colonias felinas”. “Nada más se dice en esta dirección”, denuncian.


COLONIAS FELINAS Y FORMACIÓN


Las alegaciones conjuntas de médicos y veterinarios insistían en reclamar -dados los datos de prevalencia de la enfermedad y el papel que los gatos pudieran tener en su transmisión- un mayor control de las colonias felinas.


De igual manera, defendía la necesidad de promover un plan de formación y sensibilización para las personas con “alto riesgo laboral” como es el colectivo veterinario, tanto en clínicas de animales de compañía como entre los profesionales que trabajan en el sector ganadero o incluso en protectoras, así como en los centros de atención primaria, de salud y hospitales.


La tercera alegación conjunta insistía en mejorar la vigilancia y control mediante la investigación y diagnóstico diferencial de los casos sospechosos y gracias a la instauración -a través del veterinario de explotación- de un programa sanitario que se incluyera, al menos, la vacunación. Nada de todo ello se contempla.

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