Trabajos contra la procesionaria del pino.

Andalucía inicia el tratamiento contra la procesionaria del pino

​El efecto más nocivo que produce la procesionaria se deriva del carácter urticante de sus orugas sobre animales y personas
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La Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía ha iniciado los tratamientos aéreos incluidos en el plan de lucha contra la procesionaria del pino tras seis años en los que la Junta no había realizado estas tareas. En total, el actual Ejecutivo autonómico aplicará estas medidas de control de plagas en más de 54.000 hectáreas de toda Andalucía comenzando por las provincias donde es más urgente el inicio de los trabajos debido a la situación en la que se encuentra la procesionaria en relación a su crecimiento (Almería, Cádiz, Granada y Málaga). Esta priorización responde a que el éxito del tratamiento está condicionado por el desarrollo del insecto y tiene su máxima efectividad cuando la aplicación coincide con las etapas larvales iniciales.


Los pinares suelen aparecer como formaciones arbóreas que cubren grandes superficies, presentan condiciones diversas en cuanto a exposición al viento, temperatura y humedad, y se encuentran en zonas de difícil acceso por presentar una orografía irregular. Por tanto, la única manera de llevar a cabo un control efectivo de la población de procesionaria son los medios aéreos. El empleo de varias aeronaves permite actuar de forma simultánea en bloques muy distantes donde el insecto se encuentre en el mismo estado de desarrollo.


El insecticida biológico empleado en estas actuaciones supone un impacto mínimo sobre la fauna auxiliar por su especificidad y tiene una persistencia reducida en el medio ambiente.


CONSECUENCIAS DE LA PRESENCIA DE PROCESIONARIA DEL PINO


La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es una plaga defoliadora endémica presente en todos los pinares andaluces que produce una pérdida de hoja que debilita al pino. Este insecto es incapaz de acabar con el ejemplar por sí solo aún con repetidas infestaciones, pero reduce el vigor del árbol haciéndolo más susceptible a otros agentes.


Al margen de este impacto en los pinos, el efecto más nocivo que produce la procesionaria se deriva del carácter urticante de sus orugas sobre animales y personas, que pueden condicionar el aprovechamiento silvícola del pinar y su uso social al provocar reacciones alérgicas importantes sobre trabajadores o usuarios.


Durante el verano, la mariposa de la procesionaria, pone los huevos sobre las agujas del pino, y aproximadamente al mes, salen las larvas que empiezan a alimentarse y a construir sus nidos. Al llegar el invierno construyen el verdadero nido. Cuando llega la primavera, o finalizando el invierno, las orugas descienden en fila al suelo, buscando un lugar donde enterrarse para formar la crisálida. Esta época del año es la más peligrosa para las mascotas, pues las filas de orugas llaman mucho la atención y los perros suelen ir a olisquear.


Los síntomas del contacto con la oruga que los perros pueden manifestar son inflamación del hocico y cabeza, picores intensos en las partes afectadas y abundante salivación. En caso de que se lleguen a comérselas, la ingestión del tóxico que lleva el insecto puede provocar la necrosis de lengua y garganta y a consecuencia de ello, la muerte del animal.

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