Buitres leonados (Gyps fulvus). Imagen: SEO/BirdLife.

El flunixin, posible riesgo inmediato para la conservación de los buitres ibéricos

Investigadores han evaluado la exposición de los buitres ibéricos a los antiinflamatorios no esteroideos de uso veterinario y el riesgo potencial para su conservación
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A principios de la década de los 2000, el mundo de la conservación de la biodiversidad se estremeció al descubrirse la causa que había llevado a los buitres asiáticos al borde de la extinción. No era otra cosa que la exposición al diclofenaco, un fármaco antiinflamatorio y analgésico de uso veterinario que se estaba utilizando de forma masiva en India, Pakistán y Nepal desde finales de los 1990.


Este fármaco, que sirve para paliar las dolencias del ganado, resulta ser altamente tóxico para las aves, y al acumularse en los tejidos de los animales tratados, los buitres que se alimentan de sus cadáveres resultan gravemente intoxicados. En apenas 15 años, el diclofenaco causó la muerte de unos 40 millones de buitres, acabando con hasta el 99,9% de sus poblaciones en el subcontinente indio.


Las dimensiones de la catástrofe y la presión de la comunidad científica lograron que varios países asiáticos prohibieran su uso veterinario entre 2006 y 2010, lo que contribuyó a frenar el declive poblacional de las aves carroñeras en Asia. A pesar de esto, pocos años después, en 2013, el uso veterinario del diclofenaco era autorizado en varios países europeos, entre ellos España. “Se trata de un hecho especialmente preocupante por el riesgo que puede conllevar para las aves carroñeras, ya que la Península Ibérica alberga casi al 95% de las poblaciones de buitres europeos, siendo un enclave crucial para su conservación”, apuntan desde el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM).


USO EN ESPAÑA


Actualmente, en España está autorizado el uso veterinario de un total de 11 fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), incluido el diclofenaco, y la mayoría de ellos son considerados como potencialmente tóxicos para las aves carroñeras. Sin embargo, hasta ahora, aún se desconocía la prevalencia de estos medicamentos en los cadáveres de ganado que se ponen a disposición de los buitres, así como su incidencia sobre las poblaciones ibéricas de buitres y el riesgo que suponen para su conservación.


Resolver estas cuestiones fue el objetivo fundamental de un trabajo científico liderado por el Grupo de Investigación en Toxicología de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM), con la participación de la Universidad Autónoma de Barcelona, la University of the Highlands and Islands (Reino Unido) y la University of Aveiro (Portugal), cuyos resultados acaban de ser publicados en la revista Environmental Pollution.


Los resultados del estudio han mostrado la presencia de residuos de AINEs en el 4,4 y el 3,2% de las carroñas de oveja y cerdo analizadas, respectivamente, concretamente de flunixin (en el 1,8% de las carroñas), ketoprofeno, diclofenaco y meloxicam (los tres en el 0,4% de las carroñas). Los análisis forenses mostraron que 14 aves carroñeras (el 3,6% de la población estudiada) tuvieron residuos de flunixin (1%) y meloxicam (2,6%) en los riñones y el hígado. En 3 de los buitres leonados analizados se detectaron niveles de flunixin asociados con daños renales agudos (gota visceral) similares a los registrados en buitres asiáticos letalmente intoxicados con diclofenaco.


A la luz de estos resultados, no parece que por el momento el uso veterinario del diclofenaco esté teniendo un impacto los buitres europeos como el ocurrido en Asia, al menos a los niveles de uso actuales, especialmente si tenemos en cuenta que la población ibérica de buitre leonado ha incrementado más del 21% a lo largo de la última década. Sin embargo, la presencia de este AINE en una de las carroñas indica que existe un riesgo de incumplimiento de la advertencia indicada en el prospecto de este fármaco, que establece que “las carroñas de animales tratados con diclofenaco nunca pueden alcanzar la cadena trófica silvestre”.


Por otro lado, el uso veterinario del flunixin sí que podría suponer un riesgo claro e inmediato para la conservación de las aves carroñeras, por lo que los autores del estudio apuntan la necesidad de que esta misma especificación de seguridad debería aplicarse a la formulación de este compuesto y de otros AINEs con potencial tóxico en España.


Los autores del estudio concluyen que una evaluación efectiva de los riesgos derivados de los fármacos de uso veterinario debe considerar la posibilidad de que estos se introduzcan en la cadena trófica de fauna silvestre a través de las carroñas de los animales tratados. En este sentido, es esencial que la monitorización de las causas de mortalidad de las aves carroñeras ibéricas contemple la intoxicación asociada a la exposición a AINEs. Finalmente, apuntan que los ganaderos, veterinarios y gestores de fauna silvestre deben ser muy conscientes de los riesgos derivados del uso veterinario de los AINEs para la conservación de los buitres a la hora de establecer los planes de gestión de los puntos de alimentación suplementaria para aves carroñeras, de modo que se garantice su seguridad.

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