La mayoría de las enfermedades que se transmiten de los animales a los humanos (zoonosis) no captan titulares.

Solicitan no perder el foco del resto de enfermedades zoonóticas por COVID-19

​“La mayoría de las enfermedades zoonóticas no detienen el mundo, son una realidad cotidiana para millones de personas”, escriben el profesor Eric Fèvre de la Universidad de Liverpool y Naomi Marks del Instituto de Estudios sobre el Desarrollo de Reino Unido
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Muchos científicos que trabajan en enfermedades que afectan a personas y animales en países en desarrollo están reenfocando parte de su trabajo en la COVID-19. El resultado es que, si bien la respuesta a la pandemia recibe un impulso positivo, la posibilidad de investigar enfermedades menos conocidas se reduce.


La mayoría de las enfermedades que se transmiten de los animales a los humanos (zoonosis) no captan titulares. “Son una realidad cotidiana para millones de personas cuyas vidas se arruinan silenciosamente o terminan prematuramente por enfermedades transmitidas a través de la agricultura y los sistemas alimentarios”, afirman los autores.


En este sentido, explican el caso de la tripanosomiasis, que afecta a los medios de vida cuando el ganado está infectado y en las personas causa la enfermedad del sueño, y la salmonela no tifoidea, que solo en África subsahariana mata a unas 100.000 personas al año.


REUTILIZANDO EL CONOCIMIENTO


Científicos de África, Asia y Europa de diversas disciplinas han estado investigando estas enfermedades como parte del programa Zoonosis y Sistemas Emergentes de Ganado (ZELS), financiado por el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID).


Ahora, investigadores que trabajan normalmente con vacunas contra la gripe aviar para las aves de corral en Asia, como es el caso de Munir Iqbal del Instituto Pirbright, o de la médica antropóloga Hayley MacGregor, quien ha estado estudiando las relaciones sociales detrás de las enfermedades transmitidas por los alimentos de los cerdos a las personas en Myanmar, están ayudando a comprender la transmisión de COVID-19 y asesorando a la Organización Mundial de la Salud (OMS), respectivamente.


Por su parte, el laboratorio de diagnóstico del Instituto Internacional de Investigación Ganadera (ILRI) en Nairobi, donde el proyecto ZooLinK está vigilando 15 patógenos zoonóticos diferentes, se ha puesto a disposición de un centro de pruebas COVID-19 que apoya al Ministerio de Sanidad. Varios miembros del personal del proyecto contribuyen a las pruebas, y otros participan en el rastreo de contactos de los casos COVID-19.


Asimismo, instalaciones respaldadas por ZELS en Pakistán, Tanzania, Etiopía y otros lugares, laboratorios bien equipados con personal local capacitado, ahora están contribuyendo a las pruebas nacionales de coronavirus y los esfuerzos de vigilancia.


UNA SALUD


One Health reconoce que la salud humana, animal y ambiental está interconectada. Los expertos indican que se necesita un enfoque colaborativo, interdisciplinario e integrado para la investigación, política y gestión de zoonosis.


Así, los autores se preguntan, “¿qué pasa ahora con las personas afectadas por esas zoonosis endémicas menos noticiosas, las infecciones zoonóticas con las que viven millones de personas todos los días y que no están siendo monitoreadas por todo el mundo, y que circulan en los sistemas agrícolas y de suministro de alimentos?”


“Sabemos que las personas en los países en desarrollo a menudo son menos capaces de hacer frente a las amenazas sanitarias, no solo como consecuencia de sistemas de salud más débiles, sino también porque las enfermedades se complican entre sí y la pobreza agrava los impactos de las enfermedades infecciosas”, añaden.


Los expertos aseguran que esta pandemia traerá alteraciones en los comportamientos humanos que podrían conducir a cambios en otros riesgos de enfermedades zoonóticas.


Un resultado clave del trabajo de ZELS sobre zoonosis virales y bacterianas con pastores en Tanzania fue el reconocimiento de la importancia del lavado de manos y las medidas de bioseguridad para reducir el riesgo de transmisión. “Dados los numerosos desafíos en la implementación de la vacunación del ganado, los consejos de lavado de manos difundidos para prevenir la propagación de COVID-19 podrían conducir a una reducción en la transmisión de otras zoonosis”.


MANEJO DE ZOONOSIS


Descubrir que la mayoría de las enfermedades y la transmisión de la esquistosomiasis en Senegal y Níger no se debe a una especie de esquistosoma humano, como se había supuesto anteriormente, sino a través de la combinación de especies de esquistosoma de personas y su ganado para formar híbridos parasitarios viables altamente transmisibles, ha ayudado a la OMS para adoptar un enfoque One Health para eliminar una enfermedad que infecta a más de 240 millones de personas en todo el mundo.


Las estrategias nacionales para la brucelosis en Kenia y Tanzania, la tuberculosis bovina en Etiopía y la gripe aviar en Bangladesh ahora están siendo influenciadas por los hallazgos de ZELS. El programa trabaja en torno a los contextos sociales y culturales en los que surgen riesgos de enfermedades.


“Esta ciencia importante necesita continuar. Los proyectos de ZELS inevitablemente han tenido que detener su trabajo en el campo y en el laboratorio, y sus socios de políticas se centran en gran medida y comprensiblemente en la emergencia de salud pública actual”, indican.


No obstante, esperan que el hecho de que COVID-19 fuera originalmente una zoonosis “ayudará a centrar la atención mundial en este importante grupo de enfermedades, y su devastador efecto, en gran medida, ocultos en las personas”.

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