Implicaciones del cambio climático en la seguridad alimentaria

La FAO recoge en un informe los previsibles efectos del cambio climático en los sistemas alimentarios de todo el mundo
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La FAO ha publicado recientemente un informe que tiene como objetivo visibilizar la relación entre los previsibles efectos del cambio climático y los riesgos asociados con la seguridad alimentaria.


El informe está separado en tres diferentes capítulos. En el primero de ellos se detallan los objetivos, el estado actual y los riesgos futuros del cambio climático, y la interrelación entre las dos acepciones del concepto seguridad alimentaria, la disponibilidad de alimentos y la inocuidad alimentaria. La FAO define la soberanía alimentaria como el acceso de todas las personas en todo momento a alimentos suficientes, seguros y nutritivos que satisfagan sus necesidades nutricionales para una vida activa y saludable.


En el segundo capítulo recogen cada uno de los riesgos asociados a la alimentación y la producción de alimentos que pueden tener un mayor desarrollo a causa del cambio climático, y que en la actualidad ya se están observando incrementos considerables.


Así, destacan los patógenos alimentarios y parásitos: Se seleccionan los patógenos Salmonella spp., Campylobacter spp., Rotavirus, Vibrio spp. (y su relación con el crecimiento del plancton), y las enfermedades provocadas por parásitos, que principalmente están relacionados con el consumo de alimentos crudos: giardiasis, toxoplasmosis, enfermedad de Chagas, etc. Además, analizan de manera independiente la resistencia antimicrobiana (RAM) que ha sido reconocida como uno de los principales problemas de carácter global.


Proliferación de algas: De las 5000 especies de algas identificadas, alrededor de 300 están involucradas en las proliferaciones catalogadas como dañinas. Los daños producidos por las proliferaciones de algas dañinas (HABs), más allá del aumento de la mortalidad de los animales marinos e impacto en la salud humana, contribuyen a cuantiosas pérdidas económicas, a la destrucción de recursos costeros y la consiguiente afección a las comunidades costeras alrededor del planeta. El aumento de la temperatura del agua, la eutrofización, la acidificación y la modificación de las redes de alimentación fruto de la sobreexplotación de los océanos son los factores que más influyen en las HABs.


Metales pesados: Se prevé que el aumento de las lluvias torrenciales favorezca la movilidad de los metales pesados acumulados en la tierra hacia los sistemas acuáticos. La contaminación por Arsénico del agua potable es uno de los problemas más preocupantes, y la FAO estima que afecta a 140 millones de personas de 50 países. Además, los cultivos absorben metales pesados que pueden incorporarse a los alimentos y entrar en la cadena alimentaria.


Metilmercurio: los expertos consideran al mercurio como uno de los principales contaminantes a nivel de salud pública. Todas las formas del mercurio son tóxicas, pero especialmente el metilmercurio es bioacumulable en los organismos acuáticos y se transmite a través de la cadena alimentaria, y además es neurotóxico. La metilación del mercurio está asociada en diversos estudios al aumento de la temperatura del mar. El aumento de los depósitos de mercurio inorgánico se asocia al aumento de precipitaciones intensas y eventos de inundaciones.


Plaguicidas: La sobreutilización de los plaguicidas, especialmente aquellos que son difíciles de degradar, causan el deterioro del suelo, la pérdida de biodiversidad, efectos tóxicos en organismos no objetivo, la reducción de la calidad del agua y daños en la salud animal y humana.


Micotoxinas: Las micotoxinas son metabolitos secundarios que se generan en los cultivos y provocan enfermedades en los animales. Las condiciones extremas de temperatura, disponibilidad de agua, plagas y condiciones no higiénicas de conservación son factores clave para la producción de micotoxinas. Las especies con más peligro toxigénico en la cadena de alimentación son: Aspergillus, Fusarium, Penicillium y Claviceps. Las cinco toxinas con mayor importancia en el sistema agrícola son: afaltoxinas, ocratoxina A, fumonisinas, deoxinivalenol y zearalonona. Es probable que el aumento de la variabilidad climática -elevación de temperaturas, sequias severas, lluvias intensas en periodos de cultivo, y las consecuentes inundaciones- incremente el riesgo de presencia de micotoxinas en los cultivos y tras la cosecha, incluso en las instalaciones de almacenaje tradicionales y la comercialización.


En el tercer capítulo se abordan los problemas emergentes como los microplásticos, y se recopila información sobre diferentes técnicas que pueden servir para mitigar los efectos esperados del cambio climático, como las ‘Novel food’ (nuevos alimentos, principalmente insectos), la ingeniería climática, los avances tecnológicos y la digitalización.


RETOS PARA HACER FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO


En el último capítulo, abordan diferentes aspectos que se deben adoptar para hacer frente al cambio climático.


La necesidad de crear un sistema holístico, una interrelación sectorial basada en una eficiente colaboración entre lo local, nacional y global. En definitiva, el concepto ‘Una Sola Salud’ (One Health) dirigido a los problemas de la seguridad alimentaria, y especialmente enfocado al cambio climático.


El compromiso entre la administración, comunidades científicas, sector privado, sistema de salud, personas productoras y organizaciones no gubernamentales se antoja necesario para identificar los problemas interdisciplinares a los que se deben hacer frente.


Así, indican que el manejo de los riesgos de la contaminación alimentaria requiere la colaboración de los actores relevantes de la cadena de suministro de alimentos: cuerpos gubernamentales, salud pública y autoridades veterinarias, personas expertas en patología vegetal, ecologistas, laboratorios nacionales, industrias privadas, personas productoras y organizaciones no gubernamentales. La implantación de guías de buenas prácticas lo consideran clave para asegurar una producción alimentaria segura.


Por otra parte, explican que las plataformas de intercambio de información, como la INFOSAN, contribuyen en gran medida a la predicción y prevención de las enfermedades alimentarias de manera global.


Además, estiman necesaria una mayor inversión para un aumento de la implementación de los sistemas de alerta temprana en los estados climáticamente vulnerables.


“La influencia de las personas consumidoras en la seguridad alimentaria no se puede pasar por alto. Las autoridades en materia de seguridad alimentaria deben estar atentas a los patrones de consumo, a los cambios en las dietas fruto de la urbanización, a la globalización, a la conciencia con la producción sostenible de alimentos, y a los cambios en la comercialización de los alimentos”.


Por último, resaltan la investigación científica como el eje sobre el que profundizar en el conocimiento de los efectos del cambio climático sobre la seguridad alimentaria. 

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