Lucy junto a dos miembros del equipo que participaron en la operación.

Veterinarios y médicos de humana realizan una rara cirugía canina a corazón abierto

Los veterinarios de Cornell, entre los que se encontraba el español Luis Campoy, y los médicos de medicina humana abrieron el corazón de un paciente canino para extraer un tumor que bloqueaba su ventrículo derecho
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Un labrador retriever de siete años llamado Lucy, comenzó a desmayarse regularmente a finales del año pasado. Sus dueños, la familia Baginski, estaban preocupados por este comportamiento inusual. “Hubo algunas ocasiones en que se desorientó, y otras veces caía al suelo jugando”, explica David Baginski.


En su búsqueda de respuestas, la familia acudió a la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Cornell (Estados Unidos). Allí, los cardiólogos realizaron al animal un ecocardiograma 3D que mostró un tumor.


“Lucy colapsaba periódicamente y se desmayaba debido a la incapacidad de su corazón para oxigenar”, señala Galina Hayes, profesora asistente de cirugía de pequeños animales.


Los veterinarios estaban preocupados de que incluso si el cáncer en sí no fuera terminal, los efectos del tumor si podrían serlo.


Hayes asegura que “nunca he visto un caso como este en mi carrera. Quizás haya un total de tres de estos casos reportados en la literatura veterinaria”. Según explica, “la masa estaba bloqueando la salida de sangre. Si imagina que el ventrículo es como una bomba, sería como si algo quedara atrapado en la manguera”.


UNIÓN MEDICINA HUMANA Y ANIMAL


Para abordar este problema, la veterinaria contactó con el veterinario español Luis Campoy, jefe de sección de anestesiología y manejo del dolor del Colegio de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell.


Campoy a su vez contactó a sus homólogos del Departamento de Anestesiología de Weill Cornell Medicine en la ciudad de Nueva York para hacer una lluvia de ideas sobre las opciones. Así, Maria Walline, becaria de anestesiología cardiotorácica de Weill Cornell Medicine, se marchó para ayudar con la anestesia de Lucy.


“Sabíamos que este sería un procedimiento de alto riesgo, más peligroso de lo que sería con un paciente humano porque no era posible utilizar el bypass cardiopulmonar para Lucy”, afirma Walline, quien completó una beca en anestesia pediátrica y actualmente está completando otra en anestesia cardiotorácica en adultos, dos campos que se alinean sorprendentemente bien con la medicina veterinaria y este caso en particular. “Los perfiles de los pacientes son similares en anestesia pediátrica y veterinaria: usted está tratando a un paciente, generalmente de tamaño más pequeño que un adulto, que no es verbal”.


CIRUGÍA A CORAZÓN ABIERTO


Las cirugías a corazón abierto son más comunes en pacientes humanos, en gran parte debido al acceso de los hospitales humanos a máquinas de derivación cardiopulmonar, que pueden redirigir el flujo sanguíneo durante un período prolongado de tiempo. La mayoría de los hospitales para animales carecen de esta tecnología, por lo que el equipo de atención de Lucy se quedó con una opción: cirugía a corazón abierto sin la red de seguridad de una máquina de derivación cardiopulmonar.


De esta forma, los cirujanos tuvieron que hacer el procedimiento excepcionalmente corto, ya que la cantidad de tiempo que un cuerpo puede sobrevivir y recuperarse cuando el corazón no está funcionando es limitada. “Como máximo, son unos cuatro minutos”, indica Hayes.


El equipo quirúrgico tenía una ventana de cuatro minutos para detener el flujo de sangre hacia el corazón, hacer la incisión para eliminar la masa, cerrar la pared ventricular y liberar la sangre para que pueda fluir nuevamente.


“Tenía que suceder como un reloj”, explica Campoy. “Para que un procedimiento como este sea un éxito, todos tienen que ejecutar sus roles perfectamente en el momento perfecto, incluso más de lo habitual”, agrega.


En cuatro minutos, los cirujanos extrajeron aproximadamente el 90% de la masa que amenazaba el corazón de Lucy. Aunque los momentos más críticos del procedimiento tuvieron lugar durante esos cuatro minutos, toda la operación completa duró aproximadamente cinco horas.


Finalmente, Lucy pasó la primera noche después de la cirugía en la unidad de cuidados intensivos, y tres días después, una vez que se la consideró estable, pudo irse a casa.


Después de su operación, Lucy dejó de desmayarse todos los días y rápidamente volvió a su estado anterior. “Cuando salimos a caminar hoy, ella nunca se cansa, vuelve a ser como era hace dos o incluso tres años”, asegura Baginski.


Según explican los expertos, Lucy tenía un carcinoma ectópico de tiroides. “En este caso, tiene suerte: una terapia dirigida que tiene pocos efectos secundarios y un riesgo mínimo puede eliminar el 10 por ciento restante del tumor”.

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