Un estudio muestra el beneficio de mascotas en familias con niños autistas

​Una nueva investigación ha examinado el impacto de perros y gatos en familias con niños autistas
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Los padres de niños con autismo reportan niveles más altos de estrés en promedio que otros padres. Sintiéndose abrumados por diversas responsabilidades, algunos padres recurren a las mascotas como fuente de consuelo y apoyo.


Ahora, una investigación de la Universidad de Missouri (EEUU) ha encontrado que las mascotas generan fuertes lazos y reducen el estrés tanto para los niños con autismo como para sus padres.


Gretchen Carlisle, científica investigadora del Centro de Investigación para la Interacción Humano-Animal en la Facultad de Medicina Veterinaria de MU, encuestó a más de 700 familias de la Red Interactiva de Autismo sobre los beneficios y las cargas de tener un perro o un gato en la familia. La científica descubrió que, a pesar de la responsabilidad del cuidado de las mascotas, tanto los niños con autismo como sus padres informaron tener fuertes lazos con sus mascotas. La propiedad de mascotas no estaba relacionada con el estrés de los padres, y los padres con varias mascotas reportaron más beneficios.


“Dado que las características del trastorno del espectro autista son tan amplias, puede ser difícil identificar intervenciones que sean ampliamente beneficiosas”, señala Carlisle. “Algunos de los principales desafíos que enfrentan los niños con autismo incluyen ansiedad y dificultad para comunicarse. Como las mascotas pueden ayudar a aumentar la interacción social y disminuir la ansiedad, descubrimos que no solo son útiles para proporcionar consuelo y apoyo a los niños con autismo, sino también a sus padres”.


Para los padres que consideran agregar una mascota a su familia, Carlisle recomienda incluir al niño en la decisión y asegurarse de que el nivel de actividad de la mascota coincida con el niño.


“Algunos niños con autismo tienen sensibilidades específicas, por lo que un perro grande y ruidoso que es muy activo puede causar una sobrecarga sensorial para un niño en particular, mientras que un gato tranquilo puede ser mejor”, explica la experta. “Mi objetivo es proporcionar a los padres información basada en evidencia para que puedan tomar decisiones para sus familias”.

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