Para detectar una urgencia veterinaria, los expertos recomiendan realizar cuatro preguntas a los cuidadores de animales.

Coronavirus: Protocolo para determinar cuándo es una urgencia veterinaria

Veterinarios han elaborado un protocolo para determinar la urgencia clínica o necesidad de examen físico o tratamiento directo de un animal durante la crisis sanitaria del coronavirus
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La situación que atraviesa el mundo por la crisis sanitaria del coronavirus COVID-19 ha provocado que gran parte de la población deba permanecer el mayor tiempo posible en sus hogares para contribuir a la reducción de los contagios del COVID-19. Esta situación también ha afectado a los centros veterinarios que han tenido que reducir el número de visitas al centro y los servicios que ofrecen.


Por ello, la Asociación de Médicos Veterinarios de Ontario ha elaborado un protocolo, enfocado al sector clínico veterinario, para determinar la urgencia clínica o necesidad de examen físico o tratamiento directo de los animales durante la crisis del coronavirus para que solo se atiendan casos urgentes, y de esta forma colaborar reduciendo los posibles contagios.


En primer lugar, los expertos apuntan que la pregunta que debe realizar el veterinario es si se puede abordar el problema de manera adecuada en 6-8 semanas. En el caso de que sea afirmativa la respuesta, el problema en cuestión no es urgente, y por lo tanto no se requiere examen.


Pero el propietario puede responder que no está seguro. En esta situación, la Asociación de Médicos Veterinarios de Ontario recomiendan realizarles cuatro preguntas. De estas cuatro preguntas, cualquier respuesta afirmativa debe entenderse como que el asunto es urgente y se requiere examen presencial en el centro veterinario.


La primera cuestión es si la urgencia supone una amenaza inminente para la vida del animal, o posiblemente se requiera eutanasia. En el caso de que el cuidador responda que no, el veterinario debe preguntar si existe riesgo importante de que el problema pueda poner en peligro inminente la vida del animal sin un tratamiento que el cuidador no pueda brindar.


A continuación, si ninguna respuesta ha sido afirmativa, la siguiente pregunta que recoge el protocolo va destinada a conocer si es una afección dolorosa que no se puede tratar temporalmente por otros medios (p. ej.: medicamentos, restricción de ejercicio) pero sí se puede paliar mediante un tratamiento directo.


En el caso de que se siga negando por parte del cuidador, el veterinario cuestionaría sobre si existe un riesgo inminente para la salud pública si no se atiende al paciente.


Tras estas cuatro preguntas, si todas resultan con una negación por parte del cuidador, el problema del animal no es urgente.


Por otro lado, los expertos señalan que las vacunaciones de rabia, leishmaniosis y leptospirosis deben considerarse como tratamientos directos no aplazables, como también la administración de los refuerzos de series de vacunas que ya hayan comenzado (booster).


Respecto a la desparasitación frente a la hidatidosis, “es obligatoria y puede ser considerado urgente”. También señalan que se pueden posponer otras vacunas, siempre que el riesgo de exposición pueda ser controlado.


Por último, los veterinarios indican que la esterilización y la castración no deben ser considerados como procedimientos urgentes.

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