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Una nueva investigación revela cómo cazaban los primeros perros
EDICIÓN

Una nueva investigación revela cómo cazaban los primeros perros

La primera especie de perro, llamada Hesperocyon Gregarius, y ya extinta, cazaba hace 40 millones de años abalanzándose sobre su presa de la misma manera que muchas especies lo hacen hoy en día.
Hesperocyon Gregarius
Esqueleto del Hesperocyon Gregarius.

Un estudio realizado por la Universidad de Edimburgo y basado en la investigación llevada a cabo por Julia Schwab, actual estudiante de doctorado, ha revelado cómo la primera especie de perro, llamada Hesperocyon Gregarius, y ya extinta, cazaba hace 40 millones de años abalanzándose sobre su presa de la misma manera que muchas especies lo hacen hoy en día, como por ejemplo los zorros y los coyotes.


Estos hallazgos también muestran que la especie de perro más grande que jamás haya vivido, conocida como Epicyon Haydeni, cazaba de una manera similar. Y es que estos animales, que vivieron hasta hace siete millones de años, podían crecer y llegar a alcanzar el tamaño de un oso pardo.


Las comparaciones del estudio entre las exploraciones de fósiles y los animales de nuestros tiempos, han arrojado luz sobre los métodos de caza utilizados por los animales prehistóricos que formaban un grupo de mamíferos conocidos como carnivoranes, entre los que se incluían zorros, lobos, pumas y leopardos.


Los científicos de la Universidad de Edimburgo y también de Viena, utilizaron los escáneres para crear modelos digitales de los oídos internos de 36 tipos de carnívoros, incluidas seis especies extintas.


En este sentido, el equipo descubrió que “el tamaño de tres canales óseos del oído interno, el órgano que controla el equilibrio y la audición, cambió durante millones de años a medida que los animales adoptaban diferentes estilos de caza”.


Así, los depredadores más rápidos, como los guepardos, los leones y los lobos, desarrollaron grandes canales auditivos que les permitían mantener la cabeza y la visión estables, mientras emboscaban o perseguían a la presa a toda velocidad”, apuntan los investigadores.


Sus descubrimientos revelaron que la estructura del oído interno indicaba si una especie descendió de animales con forma de perro o pertenecía a una de las cuatro familias de animales que se parecen a los gatos. De este modo, los expertos encontraron que un ángulo distintivo entre dos partes del oído interno era mucho más grande en animales con forma de perro.


Por último, Schwab apunta que "para mí, el oído interno es el órgano más interesante del cuerpo, ya que ofrece una visión sorprendente de los animales antiguos y de cómo vivían. Los perros son especímenes fascinantes para estudiar, ya que no existe nada como ellos en la actualidad".

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