Phillip Scott y Daniel Beiting han colaborado durante años en la leishmaniosis, empleando técnicas de vanguardia para comprender mejor la enfermedad y trabajar para encontrar objetivos terapéuticos.

Predecir el resultado del tratamiento para la leishmaniosis

Un nuevo estudio ​ha identificado biomarcadores que predicen qué enfermedad de los pacientes se resolverá con antimonio y a qué pacientes se les debe ofrecer una terapia alternativa
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Para los pacientes con leishmaniosis cutánea, una infección de la piel transmitida por una mosca de arena que puede provocar úlceras dolorosas y desfigurantes, el tratamiento puede ser agotador. La terapia de primera línea ofrecida a muchos requiere infusiones diarias del antimonio metaloide pentavalente durante tres semanas, y la mitad de los pacientes no responden a una sola ronda de terapia. Y los efectos secundarios de la terapia pueden variar desde mera irritación hasta afecciones mucho más graves.


Un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Facultad de Medicina Veterinaria de Pensilvania con científicos de Brasil ha identificado biomarcadores que predicen qué enfermedad de los pacientes se resolverá con antimonio y a qué pacientes se les debe ofrecer una terapia alternativa desde el principio. Utilizando datos de pacientes con leishmaniosis tratados en Brasil, los investigadores encontraron una serie de genes cuya expresión se correlacionó con el resultado del tratamiento. También descubrieron que una pequeña diferencia en el número de parásitos hizo una gran diferencia cuando se trataba de la respuesta de los pacientes.


"Este estudio es el resultado de una progresión de estudios, cada uno basado en el otro, que nos permite dar el paso de describir la biología de esta enfermedad para identificar qué pacientes podrían necesitar tratamientos alternativos", señala Phillip Scott, vice decano de la Facultad de Medicina Veterinaria de Pensilvania y un coautor principal del trabajo.


"Nos estamos moviendo en el ámbito de descubrir cómo traducir esto a los pacientes", agrega Daniel P. Beiting, coautor principal del artículo y profesor asistente de la Facultad de Medicina Veterinaria. "Si podemos monitorear de manera rápida y no invasiva los objetivos que encontramos, podría ser importante no solo para la leishmaniosis sino también para otras enfermedades de la piel, como heridas crónicas o psoriasis, cualquier cosa en la que estos genes estén jugando un papel".


ESTUDIO


En 2017, el equipo dirigido por Penn Vet descubrió que pueden surgir enfermedades crónicas cuando la respuesta del sistema inmunitario al parásito Leishmania falla, lo que lleva a una inflamación persistente. Los hallazgos implicaron un tipo de célula inmune conocida como células T CD8. Sin embargo, sus hallazgos aún no explicaron por qué tantos pacientes no responden al antimonio antiparasitario.


Para responder a esta pregunta, utilizaron un enfoque más abierto para encontrar patrones en sus datos, una colección de biopsias de piel antes del tratamiento de 21 personas con leishmaniosis y siete personas sin la enfermedad que sirvieron como controles.


"El desafío de los estudios en humanos es que hay tantas variables de confusión", señala Beiting. "Si dices, 'voy a comparar a las personas que han respondido a las que no respondieron', a veces no funciona porque en esos dos grupos hay muchas otras variables en juego: sexo, edad, otras comorbilidades Entonces, lo que hicimos en su lugar fue decir: 'Si creemos que estos pacientes son variables en la forma en que responden al tratamiento, ¿por qué no observamos qué genes son variables?'”.


Al reducir la cantidad de genes que identificaron en este análisis para centrarse en los 250 más variables entre los pacientes, encontraron un subconjunto que se correlacionaba con el fracaso del tratamiento. Al observar un segundo conjunto de datos de diferentes pacientes, pudieron confirmar que ocho de estos genes pudieron predecir el fracaso del tratamiento en ambos grupos.

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