Un perro en Tailandia con una enfermedad rara vez diagnosticada se ha recuperado gracias a un protocolo desarrollado por científicos de la UF.

Desarrollan el primer protocolo para tratar una infección rara en perros

Tras detectar melioidosis en un perro, una infección bacteriana grave que afecta a los humanos y a varias especies de animales, veterinarios de la Universidad de Florida han desarrollado un protocolo para tratar la enfermedad en los canes
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Mientras participaba en un proyecto de investigación de verano en Tailandia en 2018, un estudiante de la Universidad de Florida (UF) descubrió una infección rara vez diagnosticada y a menudo fatal, conocida como melioidosis, en un perro, y ayudó a los veterinarios a desarrollar un protocolo para tratar con éxito al animal.


“Un año después, el perro de raza pomerania, de 11 años, sigue teniendo buenos resultados”, señala Pacharapong Khrongsee, veterinario estudiante de doctorado que estudia melioidosis con su mentor el experto en enfermedades tropicales Apichai Tuanyok, profesor de enfermedades infecciosas e inmunología del Colegio de Medicina Veterinaria de la UF.


El perro se había escapado de casa por la noche y fue encontrado por su dueño un día después con grandes heridas alrededor del cuello y la espalda. Después de un tratamiento fallido en una clínica veterinaria local, el perro fue derivado al hospital de enseñanza veterinaria en la Universidad Prince of Songkla para recibir más atención y diagnóstico.


Dio la casualidad de que Khrongsee estaba trabajando allí y se enteró del caso cuando fue consultado por el laboratorio que recibió los resultados de la prueba del perro.


"Las pruebas de laboratorio mostraron que este perro tenía melioidosis bacteriémica", explica Khrongsee.


¿QUÉ ES LA MELIOIDOSIS?


La melioidosis, una infección bacteriana grave que afecta a los humanos y a varias especies de animales, es causada por una bacteria del suelo, Burkholderia pseudomallei.


Aproximadamente el 40% de los casos detectados en personas conducen a la muerte. En Tailandia, la enfermedad debe notificarse a las autoridades gubernamentales, lo que significa que cualquier tratamiento solo puede realizarse con su permiso. La enfermedad es común en el sudeste asiático y en muchos países tropicales, pero nunca antes se había reportado un perro con la enfermedad en Tailandia.


“Los veterinarios allí generalmente no buscan la enfermedad”, indica Tuanyok, que también pertenece a la UF.


Debido a que no existe un protocolo conocido para tratar la melioidosis en perros, una vez que se diagnosticó la enfermedad, los veterinarios del hospital universitario le dieron al dueño del perro su recomendación estándar: la eutanasia.


"Nadie había informado cómo tratar la enfermedad, y las publicaciones existentes recomiendan la eutanasia del perro, ya que la enfermedad puede afectar a los humanos", apunta Tuanyok. "Los científicos también están preocupados por la contaminación ambiental".


Pero el dueño, que estaba muy apegado a su perro, no quería sacrificarlo.


Khrongsee, cuya investigación se centra en la biología de los virus que viven en el medio ambiente, incluidos los que se sabe que infectan la bacteria que causa la melioidosis, sabía que había un protocolo para el tratamiento de la enfermedad en humanos, y contactó con Tuanyok para discutir posibles opciones.


"Esta es una bacteria intracelular, lo que significa que la mayoría de los antibióticos no pueden entrar y curar la bacteria, por lo que sobreviviría", afirma Khrongsee. “A Apichai y a mí se nos ocurrió la idea de usar un antibiótico específico, el mejor utilizado en los protocolos humanos. Pero aún no sabíamos cuáles serían las dosis adecuadas en un perro".


Los dos investigadores continuaron investigando para encontrar el mejor enfoque.


"Lo primero fue que necesitábamos salvar al perro, que pronto moriría de bacteriemia o shock séptico, por lo que analizamos antibióticos que podrían curar la bacteria en la sangre”, comenta el experto. "Le dimos 14 días".


Durante ese tiempo, el perro fue alojado en instalaciones de aislamiento, su sangre se revisó cada tres días en busca de bacterias. Al final del período de 14 días, el perro parecía estar libre de bacterias. Pero los investigadores sabían que la bacteria aún podía esconderse en ciertas células, por lo que recomendaron un protocolo de antibióticos orales, que se administraría durante 20 semanas o cuatro meses.


"Después de los primeros dos meses, el perro mejoró", cuenta Khrongsee. "Las heridas sanaron y, con el tiempo, todo su pelaje volvió".


Los veterinarios realizaron análisis de sangre periódicos al perro todos los meses durante casi un año para asegurarse de que la bacteria no hubiera regresado. Nunca lo hizo.


"No pudimos ver ninguna bacteria o infección", señala Khrongsee. "Ahora sabemos cómo tratar a un perro, así que a continuación, veremos cómo desarrollar pautas para tratar a los animales de compañía diagnosticados con esta enfermedad, así como una posible vacuna".

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