Rinoceronte blanco.

Consecuencias de la caza furtiva de fauna salvaje

​Esta práctica provoca graves daños en el ecosistema natural
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A pesar de los múltiples esfuerzos de la mayoría de países por detener y limitar la práctica de la caza de especies en peligro de extinción a base de numerosas leyes y tratados, lo cierto es que la caza furtiva sigue siendo una actividad muy extendida, especialmente en Asia y África. De hecho, existe un tratado conocido como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). No obstante, esto no detiene a la mayor parte de cazadores furtivos que consideran la caza una estupenda actividad lucrativa debido a los millones de dólares que mueven el marfil, los cuernos y la piel de animales en el mercado. Además, esta práctica provoca graves daños en el ecosistema natural.


ALTERACIONES EN EL ECOSISTEMA


Una de las principales consecuencias de la caza furtiva es la extinción de numerosas especies de animales, lo cual trae consigo importantes y gravísimos cambios en el ecosistema. Sin ir más lejos, esta desaparición de fauna salvaje altera de forma considerable la calidad del agua, dando lugar a la aparición de bacterias perjudiciales para la salud. Es más, aumenta la manifestación de distintas plagas y enfermedades zoonóticas transmisibles entre animales y humanos que terminan suponiendo un gran riesgo para la salud. La caza furtiva también acaba siendo responsable en gran medida de la proliferación de siniestros como los incendios.


DISMINUCIÓN DE LA POBLACIÓN DE AVES Y MAMÍFEROS


Aunque la caza furtiva es una actividad que lleva miles de años practicándose, a día de hoy el ansia de los cazadores por amasar una gran fortuna ha hecho que esta práctica ilegal se dispare en muchos países. Además, el acceso a tecnologías como gafas de visión nocturna facilitan la infiltración en zonas protegidas de los cazadores ilegales. Normalmente, en estos casos de caza furtiva la atención se centra en los animales cazados y en la extinción de ejemplares, pero nunca en aquellas especies que sobreviven y en cómo les afecta también esta situación. De hecho, según estimaciones ha desaparecido alrededor de un 58% la población de aves y hasta un 83% la de mamíferos pequeños.


EL MIEDO DE LOS ANIMALES AL SER HUMANO


A pesar de lo duro e impactante que es la muerte de un animal a manos de un cazado furtivo, no es nada comparado con el miedo que experimentan las diferentes especies de animales por este mismo motivo. Con el fin de huir de una posible muerte, el instinto de supervivencia les lleva a alejarse de su hábitat natural cambiando de esa forma su comportamiento, su manera de vida y hasta su modo de reproducción. Todo ello para evitar cualquier contacto con el ser humano y poder vivir tranquilamente sin estar en constante peligro de extinción.


CAMBIOS EN LA CADENA ALIMENTARIA


Al cambiar el ecosistema y abandonar los animales su hábitat natural para sobrevivir lejos del ser humano se altera de forma considerable la cadena alimentaria, no solo la de los propios animales sino también la del ser humano. Aquellas comunidades que se alimenten de un ecosistema en concreto verán como la variedad de comida escasea debido al diezmo de fauna, poniendo en peligro el ecosistema entero. La caza no solo influye en los animales que mueren sino en las presas, depredadores y plantas que conforman el entorno dando lugar a una mala calidad del suelo y a la escasez de nutrientes.

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