Los animales marinos son más vulnerables al cambio climático

​Ahora, los científicos quieren estudiar qué impacto puede tener en la salud de las personas la salud del océano
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Los ecosistemas están cambiando a medida que las temperaturas crecientes afectan al lugar donde pueden vivir los animales y cómo se comportan. Un nuevo estudio sugiere que algunas especies están sintiendo el calor más que otras.


Un equipo internacional de científicos, entre los que se encuentra Douglas McCauley, profesor asociado en la UC Santa Bárbara (Estados Unidos), ha descubierto que los animales marinos son especialmente vulnerables al aumento de la temperatura, según se ha publicado en la revista Nature.


"Ciertamente no descubrimos por primera vez que el calentamiento global perjudica la vida del océano, pero sí descubrimos, posiblemente, que el calentamiento global perjudica a la vida del océano más que en la tierra", señala McCauley. "Esto, en realidad, es muy importante saberlo porque nos enseña dónde enfocar nuestra energía cuando intentamos remediar los ecosistemas y aumentar la resistencia a los impactos del clima".


El equipo buscó datos sobre el rango de temperaturas de supervivencia para 318 especies terrestres y 88 marinas de 15 clases diferentes de animales de sangre fría, como lagartijas, peces y arañas. Tenían curiosidad por saber el rango de temperatura que cada animal podía soportar, y cuál era su tope. También estudiaron cómo se moverán los hábitats en este rango de temperatura segura a medida que avanza el cambio climático.


Su descubrimiento clave fue que más especies viven en sus temperaturas máximas en el océano que en la tierra. Según McCauley, probablemente esta es una evidencia temprana del calentamiento del océano. "Las especies en el océano parecen ser mucho más sensibles al calentamiento global ya que muchas ya están cerca del techo del rango de temperaturas que pueden tolerar", asegura. Esto podría explicar por qué las extinciones se están produciendo actualmente al doble en el océano que en la tierra.


De hecho, al compilar datos sobre algunos de los rangos históricos de la especie y compararlos con sus rangos actuales, los expertos pudieron ver una extinción generalizada de la población en las sub-regiones más cálidas.


NO HAY SOMBRA BAJO EL MAR


El agua es muy buena para retener el calor, por lo que los animales marinos no experimentan las fluctuaciones de temperatura diarias o estacionales que enfrentan la mayoría de los animales terrestres. McCauley planteó la hipótesis de que la falta de experiencia con grandes fluctuaciones de temperatura podría ser una de las razones por las cuales las especies marinas son más susceptibles al aumento de las temperaturas.


Por ejemplo, un lagarto nativo de la costa este podría experimentar una diferencia tan alta como 50 grados Fahrenheit entre el día y la noche, y quizás 120 grados entre el verano y el invierno. Esos rangos de temperatura son desconocidos para las especies marinas.


Los animales terrestres también pueden aprovechar los refugios termales (una madriguera, un árbol sombreado, un arroyo) para refrescarse a diario. Pero eso no funciona bajo el agua. "No existe un lugar sombrío y fresco debajo del mar", indica McCauley. En cualquier área dada, toda el agua iguala a la misma temperatura.


Algunos animales marinos buscan refugio en aguas más frías más profundas, pero los ecosistemas oceánicos pueden variar en el transcurso de unas pocas docenas de pies. El nivel de luz, la presión del agua y la disponibilidad de alimentos cambian rápidamente a medida que se bucea, lo que significa que esta no es una estrategia que la mayoría de los animales puedan adoptar.


IMPACTO HUMANO


Los seres humanos dependen del océano para su vida y sus medios de vida, y a los investigadores les preocupa que los patrones que encontraron también nos afecten a nosotros.


"Los hallazgos sugieren que se necesitarán nuevos esfuerzos de conservación si el océano va a continuar apoyando el bienestar humano, la nutrición y la actividad económica", señala el autor principal Malin Pinsky, profesor asociado en la Universidad de Rutgers, New Brunswick (Estados Unidos).


“Esta investigación se centró más en comprender cómo está cambiando el océano. Y el siguiente paso es responder a la pregunta: ‘¿A quién le importa?’, denuncia McCauley. "Quiero saber, en particular, cómo estos impactos en la salud del océano son importantes para la salud humana".


McCauley y sus colaboradores se han unido a científicos de la salud en la Universidad de Harvard y científicos sociales en la UC Santa Cruz para evaluar cómo la desaparición de animales del océano podría afectar la salud y la nutrición humana. Los investigadores se dirigirán a la nación insular de Kiribati para trabajar con las comunidades locales para comprender cómo algunos de estos cambios pueden influir en ellos. Esto incluye medir las poblaciones de peces, hablar con los pescadores y trabajar con funcionarios de salud locales para medir la salud nutricional de la comunidad.


"En muchos lugares como este, los océanos son un servicio de soporte vital local", resalta McCauley. 

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