Los expertos relacionan la miocardiopatía dilatada en perros a la dieta

Un estudio de la Universidad de Tufts indica que la miocardiopatía dilatada no sólo afecta a perros que siguen dietas sin grano, ya que también son sospechosas las que incluyen ingredientes exóticos.
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La Administración Americana de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) advierte sobre la relación entre piensos para perros y una enfermedad cardíaca denominada miocardiopatía dilatada.


Tras un estudio realizado por la Universidad de Tufts, los veterinarios indican que la enfermedad se trata de un problema que no sólo afecta a los perros que siguen dietas sin granos.


A las dietas que se encuentran bajo sospecha, estos expertos las denominan “dietas BEG” (con ingredientes exóticos como pato, cocodrilo o venado entre otros, y libres de grano). Y es que el vínculo aparente entre las dietas BEG y la miocardiopatía dilatada puede deberse a los ingredientes utilizados para reemplazar los granos en las dietas sin cereales, como las lentejas o los garbanzos, pero también puede deberse a otros ingredientes comunes que se encuentran comúnmente en las dietas sospechosas, como las carnes exóticas, los vegetales y las frutas. “Además, no todos los fabricantes de alimentos para mascotas tienen el mismo nivel de experiencia nutricional y control de calidad, y esta variabilidad podría introducir problemas potenciales con algunos productos”, explican.


Asimismo, en documentos recibidos por la FDA, algunos de los perros que mostraban síntomas de la enfermedad, los presentaban a través de una importante disminución de energía, tos, dificultad para respirar y episodios de colapso.


QUÉ HACER ANTE LA ENFERMEDAD


Desde la Universidad recomiendan acudir al veterinario cuando a un perro se le diagnostica miocardiopatía dilatada para que evalúe los niveles de taurina en sangre y plasma del animal.


Por otra parte, subrayan la importancia de cambiar la dieta BEG del perro a una elaborada por alguna compañía reconocida y con ingredientes estándar (por ejemplo, pollo, carne de res, arroz, maíz, o trigo), siempre aconsejada por un veterinario. Por el contrario, “cambiar a una dieta cruda o casera no protegerá al perro de este problema, y puede aumentar el riesgo de otras deficiencias nutricionales”, añaden los expertos. 

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